URL has been copied successfully!

Nombre del autor:Joaquin

el hombre y el mar

Los héroes elegidos para recuperar el vellocino de oro, aunque exhaustos, no paraban de remar mientras las olas del mar de la infancia amenazaban con su tensa calma. Orfeo estaba entre ellos, los acompañaba e infundía valor con su música. Pese a los alegres cánticos, a medida que el barco se acercó a las islas rocosas, islas sin nombre, el miedo empezó a extenderse como una epidemia entre los miembros de la vieja embarcación. Jasón, temiendo por lo que podía venir, entregó un pequeño trozo de cera a cada uno, confiando en que cada uno de ellos actuaría valiente como el futuro Ulises. Sucedió entonces la primera señal: empezó a escucharse lejano el canto inconfundible de las sirenas. Entre el siseo sibilante y el grito descarnado lleno de lobos y noche, no hay palabras para describir aquella tonalidad de voz, capaz de ahuyentar a los peces más feroces y a los mares más bravos. Inmediatamente, todos los tripulantes de la embarcación se pusieron obedientes la cera en sus oídos. Mientras tanto, Butes había guardado la suya sigilosamente en su traje sin que nadie le viera. Fue tan solo un momento, un instante funesto o grandioso, mínima demora, de donde emergía su deseo. Había llegado la hora y Butes ya no formaba parte del grupo. Las conversaciones de sus compañeros le resultaban cada vez más lejanas y el sonido de su corazón devino la única música. Una esperanza anidaba fuerte en su pecho, la certidumbre de una antigua promesa: hay una existencia más allá de Argo —pensó —. Una vida más pura, un lugar al cual pertenezco. Un deseo de encontrar lo imposible crecía imparable en su interior. Existen enigmas irresolubles como canciones olvidadas. ¿Cómo retrocede un elemento a su propio origen?¿Cuál es la nota que precede al silencio? Lo que no sé y nunca pude comprender, las sirenas me lo enseñarán con su canto —se dijo—. No era la muerte lo que le seducía sino una pulsión aún más desconocida, la pasión de fundirse de nuevo con la matriz de donde provienen todas las cosas. Instante liminal, después convertido en grito o en llanto. Fuerza que desata las tormentas y hace estremecer a los árboles en las frías noches de invierto. Líquido oscuro y azul que llena de vibración el universo, manto primordial que nos protege y envuelve, primera música: él la escuchó. Extraña atmósfera previa al lenguaje, eternidad de la espera. ¿Cómo presiente el cervatillo el ataque del león? ¿Puede percibirse el miedo a través de una sencilla caracola? Poco importaba ya el hechizante canto de las sirenas, el destino se había convertido en apenas un punto en el horizonte. Si al vacío uno se arroja, ¿al océano uno simplemente regresa? Ninguno de los argonautas pudo comprender las causas de su acto. No hubo apenas tiempo para reaccionar y menos para despedidas, solo perplejidad y silencio. Su cuerpo de hombre solitario en mitad del mundo, su mirada decidida ante la inmensidad;  fue todo lo que antecedió al salto. FIN relato inédito de Joaquín García dedicado a Pascal Quignard foto de The Humantra

relámpago del que no quisimos escapar, MARINA CLOSS

  Desde el primer párrafo del relato Quizás Mejor (Suzumushi) de Pombero (Páginas de espuma, 2023) vemos aparecer dos tipos de narradores, uno externo, gracias a este formidable invento que son los anuncios en la radio (que es omnisciente pero que se limita a ir resumiendo como una especie de coro lo que va sucediendo) y el interno, la primera persona, que dota de gran intimidad y profundidad al relato. Poco importa que los anuncios sean reales o solamente una voz interna para la protagonista, ya que tendrán el papel de relanzar la trama cada vez como un relámpago. Tormenta que se hará visible en algún momento y que hace de metáfora de esta narración. Este doble narrador va a realizar una envoltura al lector propiciando que nos sumerjamos con todos los sentidos en el relato. Este juego entre lo interno y lo externo, lo que está dentro del consultorio que es poéticamente descrito y el exterior, el pueblo donde vive la protagonista, de los que no tendremos muchas coordenadas espaciales y descriptivas es bello y muy efectivo. El mundo de Suzumushi es su consultorio, su salón, su jardín…donde hay una madrevíbora que camina sobre las almohadas y vive entre las macetas con orquídeas y donde a veces quema amapolas en un horno de barro. Cada ventana de su casa mira hacia una flor y hacia una planta. Resulta curioso que las ventanas sirvan para ver lo de dentro y no lo de fuera. La casa de Suzumushi es su mundo, cuando salga sale tendrá que transitar un espacio agreste y algo violento donde ella pierde la seguridad de sus pasos. Marina Closs respeta en su narración no describirnos a los personajes físicamente. Respeta el cuerpo como asunto sagrado. Lo cual permite que cada lector los pueda evocar en su mente. Yo me imaginé a Suzumushi como una mujer no muy alta, ataviada con vestidos tradicionales de japón, delgada y llena de un magnetismo y profunda sensualidad, con su aparente inexperiencia en los asuntos del amor, pero a su vez llena de una profunda determinación en el uso de la técnica y las decisiones que va tomando a lo largo de su vida. Las agujas aquí no son un mero complemento. Enraízan con la tradición y popular, permite que vayamos sabiendo algo más de la infancia de la protagonista y la relación privilegiada con su abuela. Hacen de puente entre dos mundos tan distintos y alejados: Japón y Argentina. Y son las supervivientes del legado simbólico que ha recibido Suzumushi, lo que permite que pueda ganarse la vida pero es mucho más que eso. Las agujas, que no solo curan sino que también pueden realizar amarres amorosos, parece que fueran los encargados de ir inyectando vitalidad y misterio a toda la narración. A Suzumushi más pronto que tarde le va a aparecer una oponente o antagonista, la kinesióloga Lindsay Sorotko que también trabaja en la ciudad. Vemos un contraste muy bonito entre los anuncios de ambas mujeres. El lenguaje de los anuncios de Suzumushi tiende a lo poético y evocador y el de Lindsay tiende a lo prosaico, descriptivo y meramente funcional. El lenguaje de ambos anuncios se irá entremezclando y confundiendo un poco a lo largo del relato. En primera instancia parece que está antagonista va relanzando constantemente la trama. En apariencia es así, pero cuando la importancia de Lindsay se vaya desvaneciendo no se frena un ápice la potencia narrativa del relato. La potencia del relato radicaba en otra cosa; en el propio embrujo que Marina Closs crea con el lenguaje. Esto es muy difícil de explicar y quizás no pueda enseñarse. Actúan conjuntamente entre otras cuestiones el uso medido de las palabras, el no dilatar los encuentros en su consultorio para acrecentar el misterio, lo sugestivo de las descripciones, los magistrales diálogos, el potencial metafórico de los símbolos que van apareciendo y las constantes repeticiones verbales. Todo ello funciona como una sinergia, como un embrujo que hacen que este cuento largo se lea en un suspiro. El cuento, es como un río que primero es juguetón y saltarín y después se va volviendo más profundo. Los tratamientos al principio parecen convencionales y dedicados a tratar dolores corporales varios pero luego iremos viendo que lo que está en juego es la vida y la muerte. Cuestión que supongo afecta a cualquier buen relato. El relato no tiene un tema que pueda abstraerse y deducirse claramente. El relato no es sintetizable. Es un misterio abierto. Un milagro sin coordenadas claras. Por si esto no fuera poco, Marina Closs se guarda como una aguja todavía sin usar un as en la manga. Va a resucitar por decirlo de alguna manera a uno de sus personajes, el muchacho que estuvo a punto de morir, y lo va a colocar en otro lugar muy distinto del que esperamos. Ahora este muchacho toca la puerta de Suzumushi decidido a aprender la técnica. La técnica que fue transmitida de mujer a mujer ahora va a tener un hombre joven como destinatario. La técnica de esta forma no morirá con Suzumushi, sino que tendrá herederos a través de una transmisión que no se nos desvela como va a ser donde no queda cerrada la puerta a que vuelva a aparecer el amor. Así pues, la vida y la muerte, Japón y Argentina, hombre y mujer, exterior e interior, al final del cuento quedan enlazados de forma misteriosa. El relato queda por tanto abierto al porvenir. Ningún didactismo, ninguna enseñanza; apenas un verdadero acontecimiento del lenguaje, placentero relámpago del que no pudimos o no quisimos escapar. por Joaquín García

tantear en lo oscuro de las palabras, CLARICE LISPECTOR

              Clarice Lispector nació en 1920 en Chechelnik, una pequeña aldea ucraniana perteneciente a la antigua Unión Soviética. Su familia estaba de paso, en diáspora, huyendo de los progromos que sufrían la población judía en aquella época. Su abuelo fue asesinando y su madre fue violada por soldados del Ejército ruso los cuales le contagiaron la sífilis. La pequeña Clarice vino al mundo bajo la superstición, que pesó en su vida como una losa, que salvaría con su nacimiento a su madre. Fue bautizada como Chaya que en ucraniano significa “vida”. Cuestión imposible de salvar a la madre que la arrastró a la culpa y quizás también a la tristeza durante toda su vida. Su familia viajó a Brasil pasando primero por otros países europeos, y llegó allí cuando apenas tenía un año de vida.             Desde niña era ya notable su talento para escribir. Pero los editores de los periódicos nunca publicaban los relatos que enviaba, porque como relata la autora, sus historias nunca empezaban con Érase una vez. No eran de cuentos felices ni cuentos de Hadas. Con solo veintidós años, en 1944, pariría la bomba lumínica que fue Cerca del Corazón salvaje, la historia de una mujer, sus amores y deseos, desde la juventud hasta la edad madura. La novela mereció el premio Graça Aranha y fue recibida con entusiasmo entre la crítica brasileña. Ya en esa obra late su estilo inconfundible que le acompañaría el resto de su vida y sus recurrentes obsesiones temáticas: la soledad, el desamparo, las situación de la mujer en un mundo de hombres, las relaciones familiares a veces opresivas, el amor y el deseo.   Después de esta obra vendría una vida entera dedicada a la escritura -escritura que le permitía estar casada con un diplomático y no tener apuros económicos, tener una habitación propia como diría Virginia Woolf-,  con novelas célebres como La pasión según G. H. (1964) o su última producción La hora de la estrella (1967), cartas y crónicas periodísticas y varios libros de cuentos como el primero Lazos de familia (1960) o La legión extranjera (1964) que se han considerado la cima de su talento narrativo. La legión extranjera no tuvo buena acogida entre el público. Se le acuso de explícito y pornográfico. No se la perdonó a Clarice traicionar la bella forma de la literatura. Clarice era una autora que necesitaba psíquicamente escribir, le ayudaba a soportar la vida. Como aclara en alguna entrevista cuando no escribe se siente muerta. Se enfadó mucho por ejemplo cuando se enteró del suicidio de Virginia Woolf, porque según ella tenemos «el terrible deber de llegar hasta el final» Clarice Lispector definió su estilo como un no-estilo. Siempre dio mayor relevancia al flujo de conciencia, a la intimidad subjetiva de sus personajes y sus conflictos psicológicos, que a los hechos estrictamente narrados. Por este motivo ha sido comparada, quizás torpemente, con escritores como Virginia Woolf o James Joyce. Son muchas las palabras que se han utilizado para intentar definir su estilo, sin embargo hay una palabra que utiliza su traductora al español Cristina Peri Rossi que quizás sea el más acertado: seco. Un estilo desnudo, fabricado solo con palo y hueso, no por ello dejando de ser lírico. En sus cuentos, un hecho perturbador (contingencias de lo real) suele quebrar la tranquila y doméstica morosidad de los protagonistas. Un ejemplo paradigmático sería «Amor» donde una mujer comienza a sentirse alterada después de ver a un ciego comiendo chicle llegando a una especie de delirio turbulento o «La bella y la bestia» o «La herida demasiado grande» donde una mujer es sometida a un conflicto moral, cuestión que le producirá una crisis en toda regla, después de que un mendigo le pida dinero en la calle. También encontramos cuentos-poema como «Es allí donde voy» donde se prescinde de protagonista y conflicto para presentarnos un puro hecho de lenguaje. Sin embargo, el cuento favorito de Clarice fue dese siempre «El huevo y la gallina» porque decía que era un texto que no entendía. No-entender es muy importante en la escritura de Lispector. Es muy difícil aproximarse a sus textos desde lo racional. Clarice Lispector es una escritora especial, muy compleja, que no es del agrado de todo el mundo. Es una autora difícil y en ocasiones críptica, que implica en su lectura poner mucho de nuestra subjetividad y que nos puede someter a conflictos y sensaciones de incomodidad como lo hace la perturbadora novela La pasión según G.H. Dice Emma Rodríguez: «Lispector es en sí misma un planeta y para llegar a su centro, al centro de esta mujer que nació para jugar con el lenguaje y renovarlo, para volcar la poesía en extensos valles narrativos, hay que ejercitar todos los sentidos» La hora de la estrella (1977) ponía punto “final” a la carrera de esa escritora no profesional llamada Clarice Lispector. Es una apuesta decidida por encontrar la palabra -escritura motorizada por la conciencia del dolor y la muerte- donde se reflexiona sobre lo hasta absurdo de la vida con cierto grado desafección. Pese a el patetismo de los personajes, y mostrar sin velos un mundo obsceno, injusto y violento (en eso recuerda algunas películas de Pasolini), constatando la precariedad de las ficciones y los semblantes, no por ello opaca el singularísimo y vital estilo de Clarice Lispector -estrella sin hora de la literatura- que, todavía por muchos años más, seguirá brillando en la oscuridad. Joaquín García enero, 2026

Sketchbook painting by Ulla Thynell

flor azul

  Una flor azul crece detrás de la pantalla de la vida ¿Es una flor eterna? ¿Bebe de ella la armonía? ¿Contribuye su fragilidad a sostener nuestras ciudades? Una flor azul crece  detrás de la pantalla de la vida   Joaquín García enero, 2026  

pinturas de Lucy Cambell

el perfume de las flores de la noche

Curar del mundo lo que es del mundo; la cítara triste, la música impar, las brumas sin sueño. Su alto adiós, su ser sin llegar a ser. Su dolor mínimo, su penacho infranqueable. Todo aquello que podría curar el fuego, si tuviéramos valor. Pero llega la hora de las decisiones y nadie se atreve a decir te quiero. La palabra se escabulle a su escondrijo de cuerpo y la alondra solo alcanza a esparcir con sus alas el perfume de las flores de la noche.   Joaquín García enero, 2026 el poema se inspira y toma título de la novela de mismo nombre de Leila Slimani Pintura de Lucy Campbell

collague de Gemma Topliss

el hilo de la existencia

Desovillar el hilo de la existencia como quien acaricia las manos de su hija o busca pepitas en la arena del río. Poner las palabras más importantes junto a la orilla como una infancia que recién comienza, las culpas del pasado en el crujiente de la luz y volver a empezar. ¿Pero que sería volver a empezar?   Sueño y callo. Hablo y nada cambia Escribo y el dolor no cesa No hay progreso. No hay progreso No hay tregua para estas guerras que nos asolan Los hombres se siguen masacrando   Y sin embargo, soñamos con el regreso de otros tiempos con la mutación de los tercos hechos con la escurridiza libertad   Pero ¿acaso es libre el ave que atraviesa los últimos rayos del atardecer? ¿La niña sujeta a los caprichos de sus padres? ¿El adulto entre deudas contraídas y faenas cotidianas?   Solo sé que buscamos el faro de algún puerto como los brazos ciertos de una madre Mientras escribo, pasa un tren a lo lejos descorriendo los velos del pasado y alguien, silencioso, dice adiós con la mano   Promete no arrojar a la basura la esperanza Estamos aún buscando una salida Nadie separe todavía aliento de semilla   Joaquín García enero, 2026

obras de la artista británica Katherine Hyde

animal invisible

Primero es un destello: un pez muerde un trozo de la lengua del Otro. Una idea germinal es dada, golpe de timón, corazonada o sueño. La criatura abisal toma su curso, poco a poco los versos fecundan la Lengua. Un poema no es nunca una obra terminada, es un ente casi vivo como un cristal de roca creciendo entre orillas. Continúa así entre las generaciones alumbrando nuevos goces y sentidos. Entre la fluencia de los metales y la feracidad de la materia, allí reside el milagro. Animal invisible que no fue vencido por el ocaso, piedad de las metáforas; ahora tienes una flor entre tus manos, una flor de piedra.    Joaquín García enero, 2026 dedicado a Mario Montalbetti fotografías de Catherine Hyde

Imagen de portada del libro de poesía Cuerpos de vidrio, editorial Círculo rojo, autora Irene Isla

esto era el mar, leyendo Cuerpos de Vidrio, de IRENE ISLA

He escogido entre los últimos poemas del libro Cuerpos de vidrio (Círculo rojo, 2024) de la escritora Irene Isla el siguiente verso «travesía en que la vida se sueña tras la muerte» casi una baliza en la oscuridad,porque su libro me parece un viaje, una travesía sin ninguna garantía, de la desolación de las injusticias que nos asolan a la posibilidad -individual pero también colectiva- de ternura y esperanza. ¿Qué mano, qué cuerpo socorrerá a los que nacerán mañana? Un libro que no se deja leer de un tirón -es de largo aliento pese a su brevedad-, hay que poder respirar entre líneas aciagas, pues es mucho lo que aquí se narra. Está poblado de historias desgarradas y expuestas a la intemperie, olvidadas pero nunca anónimas, pues la mayoría tienen nombres y apellidos. Apenas retazos de lo que les fue arrebatado, en un edén lleno de polvo y escombros. Su escritura, la escritura de Irene Isla, tiene muchos matices, distintas capas y texturas. Por un lado las aves como las suaves caricias de una madre -vuelo de golondrinas o alondras- que siguen cantando ajenas a nuestras desgracias pero también la contundencia de un puñetazo al mundo. En ese sentido, tu libro resulta una lectura difícil y dolorosa. No es complaciente ni busca aprobación de ningún tipo. ¿Tiene la poesía el poder de cambiar la realidad social? La respuesta es negativa, según el lingüista y poeta Mario Montalbetti. No es posible a mi modo de ver dar una respuesta apresurada. En cualquier caso los lectores no encontrarán aquí apología alguna de tristeza pues no todo en él es desolación -venas negras donde se ahogan los que no tienen patria- sino que late también la música del porvenir, melodiosa y vital, como acordes de guitarras y árboles. Así pues, me ha parecido por la posibilidad de sublimar y colectivizar el dolor, una poesía más cercana a Cesar Vallejo que a Alejandra Pizarnik. Frío en los límites, escritura donde se han de cruzar en la incertidumbre en lo que Slavoj Zizek ha llamado los tiempos finales «las fronteras arbitrarias/ que nos excluyen/ y separan», ¿de qué lado estamos nosotras? donde quizás las pantallas sean por su frialdad las más terribles. Los televisores serían así una especie de espejo narcisista, que pese a su ruido atronador, no deja ver a quienes son obligados a malvivir en los márgenes. De ahí quizás el título ya programático: Cuerpos de vidrio. Declaración que ya encierra en sí misma varias paradojas: pues ni son solo cuerpos -son cuerpos que importan en todo caso como afirma la filósofa Judith Butler- ni evidentemente son de vidrio. ¿Quién llorará por los que ya no les quedan lágrimas? A  medida que avanza, la voz de Irene Isla se debate entre varias tierras, camina a tientas sin saber dónde ubicar su horizonte, si la baldía de T.S. Elliot, la primavera, ya se sabe, puede ser el mes más cruel o la tierra prometida a Ulises, allí donde Telémaco y Penélope esperan pacientes la llegada de un marido y un padre. No nos habla la poeta de lejanas mitologías ni oscuros arcanos, ni siquiera de una infancia idealizada donde refugiarnos ingenuamente del dolor, sino de una tierra donde la ternura pueda seguir naciendo cada día, una tierra donde los pájaros y el cachorro humano puedan sencillamente beber. Se deja entrever al final de sus páginas una luz que aunque oculta ya alumbraba quizás los primeros verso, un eco divino, quizás otra forma de amor, donde se hace pedazos la tristeza; una realidad que haría posible otra mirada, más dulce y compasiva. Una vida a la altura de la herida, donde se podría escuchar otras voces en lo que antes solo fue silencio. Un testimonio que habría hecho finalmente de la dignidad humana su causa. ¿Era esto entonces el mar? No solo noche pues para transitar estos tiempos difíciles. por Joaquín García

Imagen de portada del libro de relatos y microrelatos del escritor Andrés Neuman Hacerse el muerto, editado por la editorial Páginas de espuma

salvarnos por la ternura, leyendo Hacerse el muerto, de ANDRÉS NEUMAN

Andrés Neuman (1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires. Hijo de músicos argentinos exiliados, se trasladó con su familia a Granada, en cuya universidad trabajó como profesor de literatura latinoamericana. A los veintidós años ya despuntó su talento resultando Finalista del Premio Herralde con su primera novela, Bariloche (1999). Después publicaría otras novelas: La vida en las ventanas, Una vez Argentina, El viajero del siglo (Premio Alfaguara y Premio de la Crítica), Hablar solos, Fractura y Umbilical.   Ha publicado varios libros de cuentos como Alumbramiento o Hacerse el muerto, este que estamos comentando hoy,y distintos poemarios, los aforismos de El equilibrista; el diccionario satírico Barbarismos, el diario de viaje por Latinoamérica Cómo viajar sin ver; y el elogio de los cuerpos no canónicos Anatomía sensible. Como podemos ver es un escritor polivalente y que se mueve como pez en el agua en varios registros. Ha recibido múltiples premios y sus libros han sido traducidos a veinticinco lenguas. Hacerse el muerto, libro publicado en 2011 por Páginas de espuma, es quizás uno de los libro más personales de Andrés Neuman ya que incluye experiencias íntimas como la muerte de su madre. Dice el autor que la publicación de este libro le ha ocasionado cierto conflicto moral, porque incluye, bajo el manto de la ficción, experiencias personales de estos últimos cinco años, como el fallecimiento de su madre y la enfermedad de su padre. En su estilo singular y difícil de clasificar, predomina una prosa intimista y poética, sumamente precisa y donde siempre hay un velo al horror cuando se narran situaciones difíciles de integrar por nuestro sistema simbólico como es la muerte. Hay fuertes componentes de humor y ternura, acompañado de una imaginación desbordante, sin desechar elementos oníricos y surrealistas. Este libro en concreto tiene algo de Borges, no solo por la precisión de ingeniero al diseñar los relatos sino también por la prodigiosa imaginación del argentino, maestro en construir casi de la nada sólidos universos. Universos en miniatura en este caso, donde con unas breves pinceladas —donde a veces no da tiempo a la habitual construcción de personajes— nos traslada a nuevos mundos interiores. Las dos primeros apartados del libro (Hacerse el muerto y Una silla para alguien) hablan de la muerte, primero de una manera general y luego, la muerte particular de su madre. Son relatos donde la muerte sufre un proceso de catarsis y sublimación y donde predomina la ternura. También hay cabida para elementos oníricos como en el cuento «Una carrera». “Un suicida risueño”, esta especie de oxímoron que nos propone Neuman, podemos considerarlo una profunda oda a la vida. El resto de los cuentos están delineados en un registro tragicómico con elementos surrealistas, que dejan al lector seguramente extrañado y confuso, pero siempre con una sonrisa en la boca. Por su registro filosófico y humorista, una de mis secciones favoritas fue Bésame Platón y también Monólogos y monstruos, donde sucede una visión extrañada de la realidad y una mirada aceptadora y benevolente de lo extraño y hasta escandaloso, como diría Lacan, del deseo humano. Citaría entre mis cuentos favoritos «Teoría de las cuerdas», tierna sublimación del voyerismo doméstico, «Vidas instantáneas» relato celebratorio de la diversidad humana y la pluralidad de deseos e «Infiernos de Sor Juana», alegato de las más particulares formas de gozar sexualmente. Un libro en definitiva, profundamente humano, que afronta las malas noticias con humor y ternura, que alaba las diversas formas de gozar y amar con una mirada desenfadada y sin prejuicios. Un libro que nos recuerda que ser humanos es algo milagroso, asunto que conlleva tanto humor como compasión. por Joaquín García

obras de arte de artistas chilenos, Alvaro Bindis y Verónica Bascuñán

amanecer en Atacama

                              Cruda batalla hoy al amanecer en el desierto de Atacama. Un aguilucho intentaba volar ante un viento gélido que le azotaba sin piedad. Replegaba sus alas ante un latido creciente sin amortiguación de marisma o caracola. Después, un ruido desconocido nos sobresaltó; un zorro amenazado por las dunas o el rostro vivo de un sueño.    Joaquín García, enero 2026 artistas chilenos en la imagen destacada: Alvaro Bindis (izquierda) Verónica Buchanan (derecha)  

el festín de la palabra, CRISTINA PERI ROSSI

Dice Cristina Peri Rossi al final del prólogo a sus cuentos completos «un cuento es una pequeña incisión en el tiempo que permite  profundizar en una sensación, en una idea, en un sueño. Renuncia a lo accesorio y, como un escalpelo, se hunde en las entrañas de la emoción o del sentimiento. Lo único que lamento es no poder volver a escribirlos, porque ya los he escrito. Pero estoy segura de que seguiré escribiendo relatos, porque la vida me fascina, y en los cuentos, la vida vibra». Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) es una escritora y activista política uruguaya que se tuvo que exiliar a España durante la dictadura cívico-militar de su país natal de 1972. Tuvo que recoger sus cosas en un solo día, porque un amigo que vivía en su casa fue secuestrado por la dictadura. Tuvo que salir corriendo, literalmente. En Uruguay quedaron 3000 libros de su biblioteca personal y muchos sueños. La nostalgia retornará más tarde en su poesía y su narrativa, consciente de todo lo perdido. En el libro Estado de exilio (2003) dirá: Tengo un dolor aquí / del a lado de la patria En Descripción de un naufragio (1975) describirá esa travesía de la siguiente manera: No fue nuestra culpa si nacimos en tiempos de penuria. Tiempos de echarse al mar y navegar. Zarpar en barcos y remolinos huir de guerras y tiranos al péndulo a la oscilación del mar. El que llevaba la carta se fue primero. Carta mojada, amanecía. Por algún lado veíamos venir al mar. En una entrevista a Review comenta que:   «en ninguno de mis libros, que hable del exilio como un desgarramiento personal; siempre es una experiencia de muchos, lo suficientemente abarcadora como para que se puedan identificar otros y otras desarraigados. El exilio no es sólo un hecho real; es una situación ante la vida, ante la sociedad y el mundo en el que nos toca vivir» Llegaría a una Barcelona donde desarrollara la mayor parte de su producción literaria, después de dos años también en Paris a donde se marchó con ayuda de su amigo íntimo Julio Cortázar. Este libro del que quiero hablarles, Desastres íntimos, fue publicado originalmente en 1997 (undécima entrega de un libro de cuentos si no me salen mal las cuentas) y ahora es recuperado por la editorial Lumen en 2022, un año después de recibir merecidamente el Premio Miguel de Cervantes por una vida entera dedicada a la escritura. Se ha dicho de este libro algo así como: los relatos eróticos de la ganadora del premio Cervantes pero este libro es mucho más que eso. Es un testimonio no solo de la sexualidad sino de la subjetividad de los protagonistas, y quizás, el sentir de toda una época. Cristina Peri Rossi es una de las autoras más originales y menos representativas -lo singular entre lo singular-, para decir un elogio, del continente americano. Como ella misma afirma: «Soy una francotiradora, una trapecista que realiza sus saltos sin red abajo». Nunca ha retrocedido frente a críticas o elogios, ni se ha complacido en seducciones o devaneos comerciales. Peri Rossi abrió puertas que nadie se atrevió a abrir como hablar abiertamente del deseo lesbiano cuando el tema era todavía causa de rechazo y ostracismo. La procacidad de la autora uruguaya fue evidente y su deseo decidido de escribir se manifestó ya en una edad muy temprana. A los seis años, Peri Rossi confesó a su familia su intención de convertirse en escritora. Hubo risas e incredulidad, al margen de su madre, que era consciente del talento de su hija desde su niñez. Su primer libro de poesía Evohé (1971) ya contiene alguno de los pilares de su escritura: el profundo amor a la mujer (asunto casi sagrado para la uruguaya) y el profundo amor a la palabra. Palabra y mujer que aparecen trasmutadas e indiferenciadas como en el breve poema que dice: «En las páginas de un libro que leía/ perdí a una mujer. /En cambio/a la vuelta de la esquina/he hallado una palabra». Cristina Peri Rossi se ha tomado el erotismo y deseo sexual de las mujeres y del ser humano en general muy en serio. Tanto su producción narrativa como poética dan cuenta de ello. Como dijo la escritora Elena Poniatowska, en el prólogo a uno de sus libros escribió: «Cada vez que leo a Cristina Peri Rossi me dan ganas de hacer el amor. Leerla es una invitación al placer» No puede estar más de acuerdo con la escritora mexicana. Su literatura es una invitación al placer y una auténtica celebración de la vida, en sus más amplios registros. La escritura de Peri Rossi siempre ha sido profundamente política. Y ha tratado temas sin tapujos de denuncia social, la situación de la mujer, la extranjería y el exilio. Exilio como desgarramiento y motivo de supervivencia. Exilio del que nos veríamos salvados por el despliegue de la libido y quizás acaso también por el amor. El mapa de los afectos es extenso en su escritura; desde el alegre lirismo, hasta la melancolía y la nostalgia, pasando por el humor y la ironía, ironía a veces corrosiva como en el cuento «Suicidas S.A» Dice Hugo J. Verani en su artículo La narrativa de Cristina Peri Rossi: el arte de digresión: «En Cristina Peri Rossi el lenguaje no es un simple vehículo del pensamiento o un instrumento que sirva para la comunicación, sino materia erótica metamorfoseada en objeto de placer que comparte el mismo espacio que las figuras humanas; frente a una palabra nueva». Este mismo autor habla de una narrativa neobarroca, dando algunos argumentos que no voy a desarrollar por extensión. La propia Peri Rossi, en una entrevista con Carmen Boullosa nos da la clave de su estilo: «Mi formula es no tener nunca un estilo característico. Por qué. Porque llega un momento que Kafka se vuelve demasiado kafkiano. Un estilo muy característico es como si mirases a través de un caleidoscopio la vida con un solo ángulo, nunca girando las

Scroll al inicio