
Las estrellas nacieron de las huellas de los pies de Eurídice sobre la bóveda celeste cuando huía asustada de Aristeo.
Así quedaron —intactas, virginales— nadie se atrevió a lavarlas. Sobrevivieron luego en su forma original a volcanes y tormentas.
Locas funambulistas, faros contra el desconsuelo; esa que llaman ninfa, pero que es tan solo una niña, sostuvo con sus manos la frágil cuerda del mundo.
Alguien las adornó de luz. Así se fue tejiendo el cielo, con motivo de estar bonito para un aniversario, como un jardín donde van creciendo tímidas las metáforas.
No eran para llorar al ocaso del madrigal y el almendro. Tampoco vástagos desagradecidos, ni siquiera candiles de viejos templos.
Apenas bosques desnudos, signos que solo la piel comprende, sombras danzantes de aquellas manos que fueron primero lumbre.
Ni incendio ni inmolación; solo ojos que miran otros ojos, ahora que las criaturas nocturnas se han quitado las máscaras.
Opacidad de los grandes inversores, muerte de los espejos. Como una lluvia derramada sobre el azul vitrificado; fosforescentes.
Yo siempre las imagino así, llenas de vida, aunque su mensaje nos llegue desde la fría intemperie galáctica y pienso que desde arriba quizás nos vean y sigan con atención nuestros afanes y tareas.
Quizás incluso sonrían con nuestros logros y lloren con nuestras tristezas.
Algunas tardes, cuando el sol se marcha, veo como brilla mi padre en su tierno cuerpo y existencia. También mis abuelas con su molino, su orla y su océano.
Arrojar la mirada allí, a la dura espiga de la noche de enero, a el alma tendido en guirnalda como nubes desperdigadas de marzo.
A lo que sufrimos y amamos y que nunca será nuestro.
Joaquín García, enero 2026
leyendo a Mercedes Roffe
Caderno das Estrelas 10 /Star Diary serie nº3
Tribute to Galileo /Orion
Artista: Magic fly Paula



