
Quiero trazar con mis dedos una pequeña laguna en la estepa; una utopía hecha solo de ramas y agua
Un lugar donde puedan beber lobos y conejos, lejos de acantilados suicidas y las manos de dictadores
Susurraría de forma secreta su ubicación a gorriones y avutardas
Alrededor, flores sin rostro cumplirían un destino aún más puro que la belleza
Topos conseguirían llegar hasta allí a través de sus incansables madrigueras
Dios, que es tan solo una niño, podría jugar en la orilla con sus oráculos con relieve y su cáliz de madera
Aves intentarían por primera vez el vuelo, entre temblor y aire, o descansar por un momento de la extenuante migración
Brujas amenazadas pastarían en sus meandros sus rebaños de murciélagos
Madres tendrán tiempo para llorar por sus hijos perdidos, en medio de chapoteo de ranas y siseo de serpientes
Sé que avanza la civilización y que proliferan grandes carreteras en los viejos arroyos, pero los gestos verdaderos pueden crecer aún junto al viento
Sé que ya nadie llora junto a las ancianas abandonadas, pero ayer al amanecer vi el brillo de la escarcha despuntando en la bruma
y pensé que podíamos recomponer juntas los restos del naufragio y expresar muy alto que la ternura es más fuerte que cualquier pasión
Una utopía hecha solo de ramas y agua, donde todos y cada uno podrían al fin beber
Joaquín García
enero, 2026



