
Cuando el caos era tan grande
como el mundo y Dios no había decidido
guardar silencio, caminaba la ciudad aciaga.
Había ciudades incendiadas y crímenes sin nombre
Los perros buscaban algún hueso
Temerosos huían los pájaros
No había verbos para separar violencia de misericordia,
de esa necesidad de separación y de justicia
habría de nacer
Amanece el cielo cubierto de manchas y arreboles
vientos de luto arrastran negras semillas
Caen los siglos
Las aves no aceptan más mentiras.
Piden una justicia nueva los nidos de gorriones
las crías asustadas de gacelas
La noche esplende rezos y escabeles
donde merodean lobos
entre canchales polvorientos.
Esta mañana el gallo
no encuentra motivo para el canto
Quizás todavía la mujer y el hombre
el bálsamo de la lluvia o el paso del tiempo
Más lejos que el odio, no hay sociedad
pero sí esperanza
Joaquín García
enero, 2026
arte por julie liger-belair



