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cartas

collague con fotografía y firma de la poeta y escritora americana Sylvia Plath

Sylvia Plath, poemas para ella

   1   Quiero seguir tus palabras-color para explorar el fondo acuático de la memoria, encontrar erizos y caracolas. Tener tu capacidad de percibir los detalles, como cuando mi madre me hablaba de pequeño y todo era verdad bajo sus manos. Observo el contraste entre tu discurso rojo, exuberante—fastuoso e inaugural como vuelo de palomas— y el descenso al abismo de la locura. Ah el acecho de campanas, madrugadas confusas e insomnes, flores con heridas. Quiero responder a tus hachazos de lenguaje como se estremece la lluvia en invierno y encontrar a través de tus ojos el musgo de los bosques primeros y la serenidad de las estrellas de mar. Aunar las múltiples voces de mi historia y no estar dividido por la pasión de la mirada. Devenir a tu lado vencejo-flecha, gorrión de aire, muchacha que busca las manzanas perdidas del jardín de las Hespérides mientras corolas de polen son incendiadas por tus labios. Huiría sin embargo del sacrificio de las vírgenes y de los vestidos de las señoras burguesas. ¿Existen los cuerpos vegetales? ¿Los entomólogos disfrutan al contemplar el vuelo de las mariposas? Rompe con las vigilias de los hospitales y habla bien alto, con tu palabra recién nacida, por fin sin vergüenza ni máscaras. Coge mi mano y huyamos como niños tocados por el witz del amor. Niños, que aunque jueguen a la ouija, no son espectros.                       2   Apuro la copa de tus versos con premura mientras nos amenaza la ceniza de los calendarios. Tu memoria arde en las orillas de los acantilados. Llevo tus poemas en mi pecho, como una identidad que devino talismán. Yo te aprecio porque no eres una intelectual y porque tus manos son harina y tierra. Huelen a flores, turba de los pantanos que hace crecer fuertes chopos y álamos en las riberas.  Aun cuando hablas de faunos y brujas, cuentas tu propia historia, de esa tensión entre la paz azul de las ovejas pastando en las colinas y el correr desbocado de caballos hacia la locura. Mientras te reduzco a unas cuantas imágenes para intentar comprenderte, una mujer negra permanece dentro de un círculo de tiza, violenta realidad, aunque el dibujo esté hecho solo con grafito. ¿Quién eras en verdad tú, Sylvia? La enfermedad te puso un enrevesado mosaico en el rostro de huesos, huellas y besos. ¡Ah ángel transparente, cuerpo de penumbra, animal libre y cautivo, cielo con padre y estrellas!   Nota: en la carta a nombre de Silvya Plath, hemos incluido dos poemas para ella, que fueron escritos tras la lectura atenta de sus libros de poesía, libros que están llenos de vida y simbolismos, y está mucho más allá de La campana de cristal. El poema, dividido en dos partes, -dos partes que no hacen uno-  se titula “Sylvia Plath y las palabras-color”. Confiamos que te haya gustado este poema y te animes a leer lo que escribió está autora tan especial. La hora del vermut, enero, 2026

collague con fotografía y firma de la escritora y poeta uruguaya Marosa di Giorgio

Marosa di Giorgio, poemas

Este melón es una rosa,este perfuma como una rosa,adentro debe tener un ángelcon el corazón y la cintura siempre en llamas.Este es un santo,vuelve de oro y de perfumetodo lo que toca;posee todas las virtudes, ningún defecto,Yo le rezo,después lo voy a festejar en un poema.ahora, sólo digo lo que él es:un relámpago,un perfume,el hijo varón de las rosas. *** Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos -rosasnieves de la tierra, de los huertos-, de marmolina, de laporcelana más leve, los repollos con los niños dentro.Y las altas acelgas azules.Y el tomate, riñón de rubíes.Y las cebollas envueltas en papel de seda, papel de fumar,como bombas de azúcar, de sal, de alcohol.Los espárragos gnomos, torrecillas del país de los gnomos.Me acuerdo de las papas, a las que siempre plantábamos enel medio un tulipán.Y las víboras de largas alas anaranjadas.Y el humo del tabaco de las luciérnagas, que fuman sin reposo.Me acuerdo de la eternidad. *** Ellos tenían siempre la cosecha más roja, la uva centelleante.A veces, al mediodía, cuando el sol embriaga -si no, nuncanos atreviéramos-, mi madre y yo, tomadas de la mano,íbamos por los senderos de la huerta, hasta pasar la líneacasi invisible, hasta la vid de los monjes. La uva erguíabien alto su farol de granos; cada grano era como un rubísin facetas con una centella dentro. Ellos estaban aquí y allácon las sayas negras o rojas, y parecían escudriñar diminutasestampillas, grandes láminas, o meditar profundamente sobreel Santo de esos lugares. A nuestro rumor alguno dirigíahasta nosotras la mirada como una flecha de oro o de plata.Y nosotras huíamos sin volvernos, temblando bajoel inmenso sol. *** A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogara la alcoba, se me aparecían los ángeles.Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un galloblanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenasblancas como la nieve o color rosa.A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel meseguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquelplumaje gris, siniestro, cayéndole por la espaldahasta los suelos…). Otros eran como mariposas negraspintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un díase daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,un número increíble.Otros eran diminutos como moscas y violetas e ibantodo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar. *** Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasadocien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas,el dormitorio, la cocina; rodeó las dulceras, los platos blancoscomo huesos, las dulceras con olor a rosa.Tomó al dormitorio, interrumpió el amor, los abrazos; los queque estaban despiertos, quedaron con los ojos fijos; soñaban,igual la vieron.El espejo donde se miró o no se miró, cayó trizado. Parecíaque quería matar a alguno. Pero, salió al jardín. Giraba, cavaba,en el mismo sitio, como si debajo estuviese enterrado un muerto.La pobre vaca, que pastaba cerca de la violetas, se enloqueció,gemía como una mujer o como un lobo. Pero, La Sombra se fue volando,se fue hacia el sur. Volverá dentro de un siglo. *** Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto,que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntosen aquel tiempo.Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes comoel fuego.Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la devoración conpie punzó.Mas, en realidad, amó la luz solar. Comía guindas, llevándoseuna a cada boca.Y sentía temor y amor hacia el Maestro Tigre que llegabaen la noche a buscar doncellas.Y nunca la eligió. *** De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcararriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedóligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagosdesde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,como rosas, como ratones que volvieran del infinito,todavía, con las alas.Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:«Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas…».Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, teníacalavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcancede la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongóla aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,arriba de las calas. *** -Usted nunca tuvo hijos.-No. Aunque, un día, cuando era chica, surgieron de mí, de mi pelvis, treslagartos. En cartílago grueso y anillado. Tres.-Eh.-Sí. Iban por la hierba. Al parecer tenían ojos, pero no pude saberlo. Sehundieron en el piso.-Oh.-Pero antes oí un alarido, como si dijesen: ¡Mamá! ¡Ay, madre! ¡Ay!-Oh.-No volvieron nunca. En el momento de la parición, salían de mis pechos (delizquierdo y del derecho), una gotita de sangre y una gotita de leche.-…!Y ella quedó impasible. Y aunque era completamente blanca, pareció lo quesiempre había parecido:Una princesa india, abajo de su anacahuita. *** Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Sealimenta de muchas especies y de sólo una. Las busca en lanoche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande,con rizos, vestido celeste.Un picaflor le trabaja el sexo.Ella brama y llora.Y el pájaro no se detiene.   Nota: Acabas de leer algunos poemas originales de Marosa di Giorgio, que hemos ordenado según fueron apareciendo en sus libros:Poema X, de Magnolia / 1965Me acuerdo de los repollos…, de Historial de las violetas / 1965Ellos tenías la cosecha más roja…, de Historial de las violetas / 1965A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar…, de Historial de las violetas / 1965Anoche, volvió, otra vez, La Sombra…, de Los papeles salvajes / 1971Había nacido con zapatos…, de La liebre de marzo / 1981De súbito comenzó la guerra…, de Los papeles salvajes / 1991Misal de la virgen, de Obra completa / 20025Mi alma es

carta con recomendaciones de salud y dietas recomendadas

sobre secreto #5

  Esta querida web, mediante la presente carta, inaugura con ilusión una sección específica de Nutrición y salud. Os dejo aquí un anticipo, con nuestras dietas favoritas de forma muy breve. Todas han sido validadas científicamente, aprobadas por nuestro riguroso comité editorial tras largos estudios y ya se han beneficiado de ellas muchas personas de distintas partes mundo. Tras un exhaustivo escrutinio, resultaron ser: Dieta CORTÁZAR: esta dieta es profundamente depurativa, purga toda la literatura sin alma y poesía fácil de Instagram que hayas leído sin consciencia hasta ahora, y está compuesta principalmente por tabaco de pipa aromático, café amargo sin endulzar y poesía no romántica de todas las épocas, que se puede alternar con guisos hechos a fuego lento y vinos tintos locales. Se recomienda, para despistar a la familia, tomar zumos de limón algunas mañanas. Para potenciar sus efectos, conviene acompañarla de algunos de los relatos y poemas que nos regaló el inolvidable escritor argentino, lo que asegura un salud de roble y elevada longevidad. Posibles contraindicaciones: leve amaneramiento de la voz, escritura impetuosa de cartas a escritoras que no conoces -pero que aun así admiras- y crecimiento incontrolado de la barba, tanto en hombres como en mujeres. Cuestiones sumamente menores, para todos los beneficios que esta dieta ofrece! Dieta MAROSA DI GIORGIO: está compuesta principalmente de alimentos que todavía no sabías que eran comestibles como alhelíes, picaflores, pétalos y flores de distintas especies, hongos coloridos, simpáticos roedores, reptiles muy amables y personitas de chocolate. Dieta principalmente crudívora que permite alternarla con alimentos dulces de forma esporádica y su seguimiento asegura acceso privilegiado al universo de intenso lirismo y sensualidad imaginado por nuestra querida escritora uruguaya. Su particular edén es mucho mejor que el mundo en el que vivimos ya que allí no vive ni el pato Donald ni el propio Donald Tr*u·#mp, así que seguramente una vez que vivas allí ya no querrás volver. Es como Alicia en el país de las maravillas sin todo las desventajas y angustia del País de las maravillas. Recomendada para: personas con sensibilidad, ternura y humor, gente de buena voluntad en general, disidentes políticos, personas locuelas ya que allí nadie juzga a nadie por esas cosas! Dieta BORGIANA: El recetario alquímico y medieval, que indica “donde se ofrecen las recetas que enriquece el alma y contrarrestan malos humores” parece que se encuentra tras la columna 1890, en el pasillo 2976491, en el anaquel número  258*/+ del célebre cuento de Borges “La biblioteca de Babel”. Solo un hombre consiguió consultar el recetario y salir con vida de esta laberíntica biblioteca. Fue ni más ni menos que John Vincent Moon, también llamado “el irlandés”, dueño de La colorada y narrador del relato del argentino titulado «La forma de la espada». Este hombre, tras consultar los extraños alimentos y estrafalarios utensilios necesarios, se animó a preparar una de estas recetas un día de navidad de 1983 para su familia, a la que quería mucho. Tras muchas horas de investigación y distintas pruebas culinarias, cuando el sintió que el plato ya estaba listo, uno de sus hijos exclamó: “pero papá, si esto es el pollo con patatas que nos preparas siempre”, lo que provocó risas y decepción a partes iguales. Sin haber podido realizar todavía un estudio detallado sobre este extraños hechos, no disponemos de suficientes datos para recomendar esta dieta. Dieta NEGRONI: está dieta está pensada para personas que les guste el arte y la delicadeza, que sigan creyendo en la imaginación de los seres humanos y consideren que la nada, pese a su mala prensa, es también creadora y vivificante. Es idónea para convertirte en un ser algo más etéreo y para jornadas de intensa escritura. Funciona por suscripciones: por la mañana colibríes azules te llevarán delicados alimentos en su pico alargado /insectos minúsculos, arañitas, néctar de flores/, al almuerzo no se come nada /porque estarás queriendo experimentar de sin parar con la escritura/ y por la noche sirenas lunares te llevan lo que comen ellas con la mayor humildad: frasquitos de plancton extraído de los fondos marinos de Islandia -libro de la propia María Negroni-, trocitos de escamas de su cola y fragmentos de algas recogidos en todos los arrecifes del planeta. Si tu poesía ahora es clara y sencilla, estás prescindiendo de signos tipográficos, dos versos enlazados empiezan ya a parecerte un poema casi completo, tu estantería se ha poblado por arte de magia de juguetitos antiguos y colecciones de museo, y conoces -sin explicarte muy bien cómo- mucho sobre la poeta Emily Dickinson y el artista Joseph Cornell seguramente estás siguiendo ya esta dieta. No tiene contraindicaciones conocidas! Dieta YASUTA TSUTSUI: Está compuesta fundamentalmente por hongos alucinógenos, hierbas amargas y bonsáis mágicos. Si disfrutas de acostarte en sueños con tus vecinos, has sobrevivido a accidentes aéreos de la forma más disparatada, estuviste en una isla que se hundía y conseguiste salir a tiempo por conciencia más que por valentía -pese a que nadie creyó que eso sería posible-, o has sido el elegido en tu empresa para hablar con un misterioso y agresivo alienígena para establecer vínculos con su civilización, es muy probable que seas la persona perfecta para seguir esta dieta. Hasta el día de hoy, solo la han seguido tres personas en el mundo, a saber: un surfista californiano que terminó quedándose a vivir en Indonesia por motivos de amor, un monje jainista errante y indio y la única mujer de Osaka que leía los cuentos de Tsutsui, que tuvo que huir de Japón cuando su familia la descubrió in fraganti. Estas personas, destinadas a encontrarse, acabarían fundando una comuna utópica y pacífica más allá del Pacífico. Efectos secundarios más frecuentes: ostracismo, denuncias legales por parte de distintos colectivos, audacia de pensamiento, psicoanálisis a tu manera (osea salvaje e incomprensible), elevado rechazo social. Solo para aventureros, poetas y visionarios! Si bien estas dietas son recomendables, la mejor dieta hasta ahora conocida es visitar nuestras recomendaciones y escritos de la web, que ofrece alimento completo nutritivo y saludable

collague con fotografía de la escritora argentina Sara Gallardo. Libro de relatos El país del humo

Sara Gallardo, relatos

  En los jardines que van de Palermo a la Recoleta hay un cuadro de césped. Cierto año, los jardineros se olvidaron de cortarlo. El pasto creció a sus anchas. Cada media hora corría un tren, con hálito ferruginoso. Las raíces lo sentían pasar. Las lombrices interrumpían sus caminos. A su antojo crecieron los pastos. En otoño, los jugos atravesaron la tierra como la aguja del colchonero el espesor de la lana. Pastos y lombrices se sorprendieron con la novedad. Al caer el sol, los porteros de los departamentos quemaban la basura. Aparecían trombas sobre los edificios. Revoloteando en las telas metálicas de las chimeneas, negros papeles se desmenuzaban en su afán por salir. Las chispas se entregaban al aire, desaparecían; los hollines ascendían. Otros hollines, salidos de otras casas, se encontraban con ellos. Juntos formaban nubes. Desbaratadas por un vuelo de pájaros, por el paso de un tren o un golpe de viento iban a aterrizar sobre el césped. El césped. Junto a los semáforos de la avenida, colores amarillo, rojo o verde lo tenían según el orden de paso; y los autos le echaban una estela de humo. No era un césped. Era casi un pastizal. Mullido, atraía a los enamorados. A los chicos, que juegan al futbol, o se tambalean, padres detrás. A los vendedores de helados, cuando ganaba el calor y se sentaban. Y a los que cargando termos de café trataban de hacerse oír por encima del paso de los trenes. Atraía a los pájaros, porque encontraban buena comida. Y a los insectos porque era una selva de refugios. Atraía a los dueños de los perros. Los perros eran lustrosos, ávidos de correr, de oler, de hacer necesidades. Tenían dueños de todas clases. Confiados, soltaban las correas. Temerosos, corrían atados a ellos. Y si mujeres, iban torciéndose los tacos de los zapatos. Los perros sueltos y los perros atados se encontraban, gimiendo. Los libres disparaban, persiguiéndose, volvían al oír gritar sus nombres. Hay una hora de la noche, cuando los enamorados se han ido a sus casas y los trenes paran, en que el rocío cae sobre el césped. El hollín resbala. Cada pasto guarda una gota. Y los días de lluvia. Sólo agua, lavando, susurrando, mojando. Ni persona, ni perro. Callado, el pasto abre la boca. Un día, el intendente municipal recorrió todos los jardines que van desde Palermo hasta la Recoleta. Un rey había anunciado su visita. Llegaron los jardineros. Cortaron todo el pasto. De norte a sur, y de este a oeste. Y el pasto que moría cantó. Cantó el aliento y el trepidar del tren, el hollín que baja, los jugos del otoño. Las lombrices. Los enamorados. Las luces del semáforo. Los vendedores de helados. Los insectos. Los perros atados y los perros desatados. Y los dueños de los perros. Los pájaros. Los vendedores de café. Los niños crecidos y los que aprenden a caminar. El rocío, el humo de los autos, la lluvia. Cantó, esa voz de césped, ese olor de césped cortado.   ***   El rápido a Bahía Blanca arrastró al hijo del capataz de la cuadrilla que reparaba las vías. Era un hombre triste desde la muerte de su mujer; con esto se dio a beber. El hijo estuvo un mes como dormido. Cuando volvió a su casa no era el mismo. Rengo. Pero sobre todo ausente. Se entregó a encender pequeñas fogatas. Las alimentaba de día, de noche. A veces levantaba los brazos dando un grito. Una tarde, su padre llegó del almacén y se puso a llorar. ¿Qué hacía con esos fuegos, por Dios Santo? Causaban la compasión de los vecinos. A la hora del accidente, dijo el niño, vi los trenes de los muertos. Cruzándose como rayos sobre el mundo. Unos venían y otros iban y otros subían o bajaban sin dirección y sin destino. Vio en las ventanillas las caras de los muertos de este mundo. Lívidas caras con sonrisa, caras dobladas. Caras sujetas por telas que asfixian, manos que cuelgan, pelos de colores, electricistas, amas de hogar, sacerdotes, presidentes de compañías. Muertos en vida. Pómulos cubiertos de polvillo de hueso. Zarandeándose. Vio conocidos. Vecinos. En trenes que refulgían como fantasmas que se levantan de pantanos. A cabezadas, rizos contra los vidrios, sin pedir ayuda, sin desearla. En una noche permanente, los trenes sin voz ni silbato, cruzándose. Sin señales, sin orden. Se superponían, se sucedían, se cambiaban. Nadie los oye ni los ve, volando en todas partes sobre el mundo. El dolor que había visto era alegre junto al dolor en esos trenes. Vio, como si los tocara, que el frío congelaba a esos viajeros, igual que a los que duermen para siempre en los Andes. Y dentro de esos témpanos los ojos llamaban sin llamado. Ponía señales para eso. Para los trenes de los muertos.   ***   Por su familia, tuvo y no tuvo suerte. Venía de perros cazadores. Oyó hablar de hazañas. Aquel ardor, aquellas almas. Todos desmesurados Primer engaño fue ese, la familia. Segundo su belleza. Nadie dejó de considerarla espléndida. Y era fútil. Se encontraba a sus anchas entre los perros y las perras del jardín interior. Lo más banal. Instalada entre tan pobres personalidades, algo como el sonar de un batallón remoto empezaba a sonarle. Era lo oído entre los cazadores, en su familia. Y parecía, se sentía, superior a los simios. Volvía a los suyos, al jardín exterior. La demanda que batía en sus sangres le resultaba entonces de mal gusto. Ajena. Lloraba a solas. Se creía una reina destronada. Tal vez sólo era débil. Como tantos. ***   ¿Conocen la palabra Chapadmalal? Significa corral pantanoso. Dice: concentración de belleza. Una casa, un parque. Sobre todo caballos. Los mejores van después al cementerio, allí duermen, allí se vuelven Chapadmalal. Un poeta los cantó, y no hay mejor manera de contar la verdad. Sólo quiero recordarles que cada medianoche sin luna se arma una carrera en aquel aire. Dicen que solamente los de alma pura

collague con fotografía y firma de la escritora y poeta italiana Alda Merini

Alda Merini, poemas

¿Por qué duplicas, amor, las raíces que crecen y permanecen dispersas alrededor de mí, sin unirse nunca en una rama recta? Pido, al menos, que un fruto descienda hasta mi vientre y produzca miradas desde mí misma Perché duplice amore intorno a me si pone le radici e disgiunto restando non si unifica mai in un retto ramo?   Chiedo che un flutto almeno dal mio grembo discenda a suscitar miriadi di me stessa   ***   A quien me preguntacuántos amores he tenidole respondo que mireen los bosques para veren cuántas trampas ha quedadomi pelo A chi mi chiedequanti amori ho avutoio rispondo di guardare nei boschiper vederein quante tagliole è rimasto il mio pelo   *** En ti conocí las maravillas maravillas de amor sí descubiertas que me parecían a mí caracolas donde olía la mar y las desiertas playas descuidadas y allí dentro del amor me perdí como en la tempestad siempre deteniendo este corazón que (bien sabía) amaba a una quimera Ho conosciuto in te le meraviglie meraviglie d’amore sì scoperte che parevano a me delle conchiglie ove odoravo il mare e le deserte spiagge corrive e lì dentro l’amore mi son persa come alla bufera sempre tenendo fermo questo cuore che (ben sapevo) amava una chimera   ***   Se entra en estas casas sin demora con la idea precisa y la esperanza de encontrar la fatalidad el destino se consideran las piedras los habitantes los lugares las esperanzas caídas sobre las piedras las voces de los niños que en un tiempo se alzaban sobre los árboles y parece escucharse el parloteo de esos ángeles que han dado la medida del más allá esos pequeños amorcitos que vibran al atardecer sobre el corazón de los muchachos que buscan una segunda una tercera infancia o una madurez plena de halagos muchachos que no quieren crecer que no buscan ni el pasado ni el porvenir un florilegio de muchachas bellísimas y prodigiosas  que cantan el espacio de nuestra alma Si entra in queste case senza dimora con l’idea precisa e la speranza di trovare la fatalità il destino si considerano le pietre gli abitanti i luofhi le speranze cadute sulle pietre le voci dei bimbi che un tempo salivano sopra gli alberi e sembra di sentire cinguettare quegli angeli che hanno dato la misura dell’aldilà qieo ´piccoli amorini che vibrano la sera sul cuore di questi ragazzi che cercano una seconda una terza infanzia o una maturità piena di lusinghe ragazzi che non vogliono crescere che non cercano né il passato né l’avvenire un florilegio di ragazze bellissime e prodigiose che cantan lo spazio della nostra anima   ***   Era él la feliz conclusión de la nada del alma fosca que quiere demandar pan era lo que todos olvidaban, el sonido de las horas perdidas era la diéresis del frontispicio y cuando quería el néctar del amor rogaba que todas las puertas fueran abiertas para que le germinase el alma Era él el escondite de mi loba de esa que se demora en las noches sobre la frente delicada de todos  aquellos que entran en el sueño y ven madonnas coloridas y relámpagos y sueñan con ser diferentes de cualquier sonido de cualquier tormento Era el fulgor en cielo sereno y después del amor era la paz inmensa la terraza colorida del Nilo   Era lui la felice conclusione del niente dall’anima fosca che vuole domandare pane era ciò che tutti dimenticano, il suono delle ore perdute era la dieresi del frontespizio e quando voleva il nettare dell’ amore pregava che tutte le porte fossero aperte perché gli germogliasse l’anima. Era lui il nascondiglio della mia volpe di quella che si attarda la notte sulla fronte delicata di tutti quelli che entrano nel sogno e vedono madonne colorate e lampi e sognano di essere diversi da qualsiasi suono da qualsiasi tormento Era la folgore a ciel sereno e dopo l’amore era la pace immensa la terrazza colorata del Nilo   Nota: Poemas originales de la escritora italiana Alda Merini. Hemos elegido algunos poemas que dan cuenta de cómo ella entendía el amor y el deseo. El primer poema fue elegido y traducido por Roberto Bernal para la revista Mula blanca El segundo es un poema muy famoso de Alda Merini que ha aparecido en distintas antologías, titulado fuga di volpe / huída de loba El tercer poema, titulado Ho conosciuto in te le meraviglie/He conocido en ti maravillas, apareció por primera vez en el libro Le rime petrose (1983) traducido al castellano por Ilaria Cantavenera para aullidolit Los dos últimos pertenecen a Naviglio di sera / Naviglio al anocher recogidos en: Clínica del abandono (Clinica dell’abbandono). Buenos Aires: Bajo la Luna, 2008, traducidos atentamente por Delfina Muschietti La hora del vermut, enero, 2026

collague con fotografía y firma del poeta español Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez, poemas

                                 I SIEMPRE la claridad viene del cielo;es un don: no se halla entre las cosassino muy por encima, y las ocupahaciendo de ello vida y labor propias.Así amanece el día; así la nochecierra el gran aposento de sus sombras. Y esto es un don. ¿Quién hace menos creadoscada vez a los seres? ¿Qué alta bóvedalos contiene en su amor? ¡Si ya nos llegay es pronto aún, ya llega a la redondaa la manera de los vuelos tuyosy se cierne, y se aleja y, aún remota,nada hay tan claro como sus impulsos! Oh, claridad sedienta de una forma,de una materia para deslumbrarlaquemándose a sí misma al cumplir su obra.Como yo, como todo lo que espera.Si tú la luz te la has llevado toda,¿cómo voy a esperar nada del alba? Y, sin embargo -esto es un don-, mi bocaespera, y mi alma espera, y tú me esperas,ebria persecución, claridad solamortal como el abrazo de las hoces,pero abrazo hasta el fin que nunca afloja. *** A MI ROPA TENDIDA (El alma) ME la están refregando, alguien la aclara.¡Yo que desde aquel díala eché a lo sucio para siempre, paraya no lavarla más, y me servía!¡Si hasta me está más justa¡ No la he puestopero ahí la veis todos, ahí, tendida,ropa tendida al sol. ¿Quién es? ¿Qué es esto?¿Qué lejía inmortal, y que perdidajabonadura vuelve, qué blancura?Como al atardecer el cerro es nuestra ropadesde la infancia, más y más oscuray ved la mía ahora. ¡Ved mi ropa,mi aposento de par en par! ¡Adentrocon todo el aire y todo el cielo encima!¡Vista la tierra tierra! ¡Más adentro!¡No tenedla en el patio: ahí en la cima,ropa pisada por el sol y el gallo,por el rey siempre! He dicho así a media albaporque de nuevo la hallo,de nuevo el aire libre sana y salva.Fue en el río, seguro, en aquel ríodonde se lava todo, bajo el puente.Huele a la misma agua, a cuerpo mío.¡Y ya sin mancha! ¡Si hay algún valiente,que se la ponga! Sé que le ahogaría.Bien sé que al pie del corazón no es blancapero no importa: un día…¡Qué un día, hoy, mañana que es la fiesta!Mañana todo el pueblo por las callesy la conocerán, y dirán: «Estaes su camisa, aquella, la que erasólo un remiendo y ya no le servía.¿Qué es este amor? ¿Quién es su lavandera?» *** AL FUEGO DEL HOGAR AÚN no pongáis las manos junto al fuego.Refresca ya, y las míasestán solas; que se me queden frías.Entonces qué rescoldo, qué alto leño,cuánto humo subirá, como si el sueño,toda la vida se prendiera. ¡Ramaque no dura, sarmiento que un instantees un pajar y se consume, nunca,nunca arderá bastantela lumbre, aunque se haga con estrellas!Este al menos es fuegode cepa y me calienta todo el día. Manos queridas, manos que ahora llegocasi a tocar, aquella, la más mía,¡pensar que es pronto y el hogar crepita,y está ya al rojo vivo,y es fragua eterna, y funde, y resucitaaquel tizón, aquel del que recibotodo el calor ahora,el de la infancia! Igual que el aire en tornode la llama también es llama, en tornode aquellas ascuas humo fui. La horadel refranero blanco, de la viejacuenta, del gran jornal siempre seguro.¡Decidme que no es tarde! Afuera dejasu ventisca el invierno y está oscuro.Hoy o ya nunca más. Lo sé. Creíapoder estar aún con vosotros, perovedme, frías las manos todavíaesta noche de enerojunto al hogar de siempre. Cuánto humosube. Cuánto calor habré perdido.Dejadme ver en lo que se convierte,olerlo al menos, ver dónde ha llegadoantes de que despierte,antes de que el hogar esté apagado. *** ALTO JORNAL DICHOSO el que un buen día sale humildey se va por la calle, como tantosdías más de su vida, y no lo esperay, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo altoy ve, pone el oído al mundo y oye,anda, y siente subirle entre los pasosel amor de la tierra, y sigue, y abresu taller verdadero, y en sus manosbrilla limpio su oficio, y nos lo entregade corazón porque ama, y va al trabajotemblando como un niño que comulgamás sin caber en el pellejo, y cuandose ha dado cuenta al fin de lo sencilloque ha sido todo, ya el jornal ganado,vuelve a su casa alegre y siente que alguienempuña su aldabón, y no es en vano. *** ESPUMA MIRO la espuma, su delicadezaque es tan distinta a la de la ceniza.Como quien mira una sonrisa, aquellapor la que da su vida y le es fatigay amparo, miro ahora la modestaespuma. Es el momento bronco y bellodel uso, el roce, el acto de la entregacreándola. El dolor encarceladodel mar, se salva en fibra tan ligera;bajo la quilla, frente al dique, dondeexiste amor surcado, como en tierrala flor, nace la espuma. Y es en elladonde rompe la muerte, en su madejadonde el mar cobra ser, como en la cimade su pasión el hombre es hombre, fuerade otros negocios: en su leche viva.A este pretil, brocal de la materiaque es manantial, no desembocadura,me asomo ahora, cuando la mareasube, y allí naufrago, allí me ahogomuy silenciosamente, con enteraaceptación, ileso, renovadoen las espumas imperecederas. *** SALVACIÓN DEL PELIGRO ESTA iluminación de la materia,con su costumbre y con su armonía,con sol madurador,con el toque sin calma de mi pulso,cuando el aire entra a fondoen la ansiedad del tacto de mis manosque tocan sin recelo,con la alegría del conocimiento,esta pared sin grietas,y la puerta maligna, rezumando,nunca cerrada,cuando se va la juventud, y con ella la luz,salvan mi deuda. Salva mi amor este metal fundido,este lino que siempre se devanacon agua miel,y el cerro con palomas,y la felicidad del cielo,y la delicadeza de esta lluvia,y la música delcauce arenoso del arroyo seco,y el tomillo rastrero en tierra ocre,la sombra de la roca a mediodía,la escayola, el cemento,el zinc, el níquel,la calidad del hierro, convertido, afinadoen acero,los pliegues de la astucia, las avispas del odio,los peldaños de la desconfianza,y tu pelo tan dulce,tu tobillo tan fino y tan bravío,y el frunce del vestido,y

collague con fotografía y firma del a poeta y escritora argentina Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik, algunos poemas

   Alguien habla. Alguien me dice.    Extraordinario silencio el de esta noche.    Alguien proyecta su sombra en la pared de mi cuarto. Alguien me mira con mis ojos que no son los míos.    Ella escribe como una lámpara que se apaga, ella escribe como una lámpara que se enciende. Camina silenciosa. La noche es una mujer vieja con la cabeza llena de flores. La noche no es la hija preferida de la reina loca.    Camina silenciosa hacia la profundidad hija de los reyes.    De demencia la noche, de no tiempo. De memoria la noche, de siempre sombras.   ***   Empecemos por decir que Sombra había muerto. ¿Sabía Sombra que Sombra había muerto? Indudablemente. Sombra y ella fueron consocias durante años. Sombra fue su única albacea, su única amiga y la única que vistió luto por Sombra. Sombra no estaba tan terriblemente afligida por el triste suceso y el día del entierro lo solemnizó con un banquete.  Sombra no borró el nombra de Sombra. La casa de comercio se conocía bajo la razón social Sombra y Sombra. Algunas veces los clientes nuevos llamaban Sombra a Sombra; pero Sombra atendía por ambos nombres, como si ella, Sombra, fuese en efecto Sombra, quien había muerto.   ***   Solo buscaba un lugar más o menos propicio para vivir, quiero decir: un sitio pequeño donde cantar y poder llorar tranquila a veces. En verdad no quería una casa; Sombra quería un jardín. – Sólo vine a ver el jardín – dijo. Pero cada vez que visitaba un jardín comprobaba que no era el que buscaba, el que quería. Era como hablar o escribir. Después de hablar o de escribir siempre tenía que explicar: —No, no es eso lo que yo quería decir. Y lo peor es que también el silencio la traicionaba. — Es porque el silencio no existe – dijo. El jardín, las voces, la escritura, el silencio. —No hago otra cosa que buscar y no encontrar. Así pierdo las noches. Sintió que era culpable de algo grave. —Yo creo en las noches – dijo. A lo cual no supo responderse: sintió que le clavaban una flor azul en el pensamiento con el fin de que no siguiera el curso de su discurso hasta el fondo. — Es porque el fondo no existe – dijo. La flor azul se abrió en su mente. Vio palabras como pequeñas piedras diseminadas en el espacio negro de la noche. Luego, pasó un cisne con rueditas con un gran moño rojo en el interrogativo cuello. Una niñita que se le parecía montaba el cisne. — Esa niñita fui yo – dijo Sombra. Sombra está desconcertada. Se dice que, en verdad, trabaja demasiado desde que murió Sombra. Todo es pretexto para ser un pretexto, pensó Sombra asombrada.   ***   La hija de la voz la poseyó en su estar, en su ser, por la tristeza. Los pequeños pájaros ponzoñosos que se abrevan en un agua negra donde se refleja la maravilla, son sus animales, son sus emblemas. A un tiempo mismo busca calentar su corazón suplicante. Los perros nocturnos: otro llamamiento. ¿Quién conoce mi humor hiriente? Desde mi libro aullante “alguien mata algo”. Nadie me enciende ninguna lámpara, nadie es del color del deseo más profundo ***   —Empecemos por decir que Sombra había muerto. —Desapareció tras su propia desaparición. — Estaba trabajando en su despacho. Sin desearlo, escuchaba a la gente que pasaba golpeándose el pecho con las manos y las piedras del pavimento con los pies para entrar en calor. — Entretanto, la bruma y la oscuridad hiciéronse tan densas que Sombra caminaba por su gabinete alumbrándose con fósforos. SOMBRA: – ¿Qué hora es? — La que acaba de pasar. La última. SOMBRA: – Hay en la escalera un niño. Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño. A ése, precisamente. Sombra conocía al niño abandonado en la escalera. Entonces sollozó.   Nota: «Textos de sombra»  son ocho textos que se hallaron tras la muerte de Alejandra Pizarnik en los apartados INÉDITOS y ACABADOS de una carpeta, en una libreta, y también en hojitas sueltas bajo el título “Sombra” o “Textos de Sombra”.  Son por tanto algunos de sus últimos poemas, y se puede suponer tras su lectura y por los títulos de los poemas que Alejandra Pizarnik quería escribir un libro con título y sombra como personaje central. Sombra parece que antes fue una niña como se dice en un poema y también conoce al niño que está en la escalera y por eso llora. Los textos de sombra son algunos de los textos más conmovedoras de la autora argentina. No queda claro que el orden de publicación que ha seguido los poemas completos para la editorial Lumen fuera el que realmente hubiera utilizado AP en caso de escribir un libro acerca de Sombra, ya que eran textos en proceso de reordenación. Por ello, hemos optado por hacer nuestra ordenación particular que fue: texto 1: PRESENCIA DE SOMBRA texto 2: EL ENTENDIMIENTO texto 3: poema sin título, fechado por AP en 1-V-1972 texto 4: PREFACIO DE SOMBRA (I), fechado por AP en 12/VII/1970, que apareció en la carpeta con poemas 1970-72, sección «acabados» texto 5: ESCRITO CUANDO SOMBRA Se recomienda la lectura de la cuidada edición de sus poesías completas:  Alejandra Pizarnik, Poesía Completa (Ed. Lumen, 2014) donde se encuentran estos textos y muchos otros conmovedores y muy interesantes También recomendamos mucho la visita al blog, homenaje a la escritura y vida de Alejandra Pizarnik: https://alejandrapizarnik.blogspot.com/ La hora del vermut, enero, 2026

collague con fotografía y firma del escritor uruguayo Felisberto Hernández

Felisberto Hernández, cartas

Felisberto, tú sabes (no escribiré “tú sabías”; a los dos nos gustó siempre transgredir los tiempos verbales, justa manera de poner en crisis ese otro tiempo que nos hostiga con calendarios y relojes), tú sabes que los prólogos a las ediciones de obras completas o antológicas visten casi siempre el traje negro y la corbata de las disertaciones magistrales, y eso nos gusta poquísimo a los que preferimos leer cuentos o contar historias o caminar por la ciudad entre dos tragos de vino. Descuento que esta edición de tus obras contara con los aportes críticos necesarios; por mi parte prefiero decirles a quienes entren por estas páginas lo que Antón Webern le decía a un discípulo: «Cuando tenga que dar una conferencia, no diga nada teórico sino más bien que ama la música». Aquí para empezar no habrá ni sospecha de conferencia, pero a vos te divertirá el buen consejo de Webem por la doble razón de la palabra y la música, y sobre todo te gustara que sea un músico el que nos abra la puerta para ir a jugar un rato a nuestra manera rioplatense. Esto de abrir la puerta no es un mero recuerdo infantil. En estos días en que andaba dándole la vuelta a la máquina de escribir como un perrito necesitado de árbol, encontré cosas tuyas y sobre vos que no conocía en los remotos tiempos en que por primera vez leí tus libros y escribí páginas que tanto te buscaban en el terreno de la admiración y del afecto. Y te imaginarás mi sorpresa (mezclada con algo que se parece al miedo y a la nostalgia frente a lo que nos separa) cuando llegué a un epistolario recogido por Norah Giraldi, en el que aparecen las cartas que le escribiste a tu amigo Lorenzo Destoc mientras hacías una gira musical por la provincia de Buenos Aires. Como si nada, sin el menor respeto hacia un amigo como yo, fechas una carta en la ciudad de Chivilcoy, el 26 de diciembre de 1939. Así, tranquilamente, como hubieras podido fecharía en cualquier otro lado, sin demostrar la menor preocupación por el hecho de que en ese año yo vivía en Chivilcoy, sin inquietarte por la sacudida que me darías treinta y ocho años más tarde en un departamento de la calle Saint-Honoré donde estoy escribiéndote al filo de la medianoche. No es broma, Felisberto. Yo vivía entonces en Chivilcoy, era un joven profesor en la escuela normal, vegeté allí desde el 39 hasta el 44 y podríamos habernos encontrado y conocido. De haber estado a fines de ese diciembre no hubiera faltado al concierto del Terceto Felisberto Hernández, como no faltaba a ningún concierto en esa aplastada ciudad pampeana por la simple razón de que casi nunca había concierto, casi nunca pasaba nada, casi nunca se podía sentir que la vida era algo más que enseñar instrucción cívica a los adolescentes o escribir interminablemente en un cuarto de la Pensión Varzilio. Pero habían empezado las vacaciones de verano y yo aprovechaba para volver a Buenos Aires donde me esperaban mis amigos, los cafés del centro, amores desdichados y el último número de Sur. Vos tocaste con tu terceto en eso que llamas a secas “el club” y que conocí muy bien, el Club Social de Chivilcoy detrás de cuyo amable nombre se escondían las salas donde el cacique político, sus amigos, los estancieros y los nuevos ricos se trenzaban en el póquer y el billar. Cuando en tu carta le decís a Destoc que la discusión para que te aceptaran y te pagaran el concierto se libró junto a una mesa de billar, no me enseñas nada nuevo porque en ese club todas las cosas se libraban así. Muy de cuando en cuando, a regañadientes pero obligados a cuidar la fachada de las “actividades culturales”, los dirigentes accedían a un concierto o a una velada presuntamente artística, que pagaban mal y sin ganas y que escuchaban apoyándose entredormidos en el hombro de sus nobles esposas. Si te hablara de algunas cosas que vi y escuché en esos tiempos no te sorprenderían demasiado y en todo caso te divertirían, vos que les contabas tantos cuentos a tus amigos como un preludio para aflojar los dedos antes de refugiarte en tu cuarto de hotel y escribir tus cuentos, justamente ésos que hubiera sido imposible contar sin destruir su razón más profunda. En esos mismos salones donde tocaste con tu terceto yo escuché, entre otras abominaciones, a un señor que primero contempló al público con aire cadavérico (probablemente tenía hambre) y luego exigió silencio absoluto y concentración estética pues se disponía a interpretar la… sinfonía inconclusa de Schubert. Yo me estaba frotando todavía los oídos cuando arrancó con un vulgar potpourri en el que se mezclaban el Ave María, la Serenata, y creo que un tema de Rosamunda; entonces me acordé de que en los cines andaban pasando una película sobre la vida del pobre Franz que se llamaba precisamente La sinfonía inconclusa, y que este desgraciado no hacía más que reproducir la música que había escuchado en ella. Inútil decirte que en el selecto público no hubo nadie a quien se le ocurriera pensar que una sinfonía no ha sido escrita para el piano. En fin, Felisberto, ¿vos te das cuenta, te das realmente cuenta de que estuvimos tan cerca, que a tan pocos días de diferencia yo hubiera estado ahí y te hubiera escuchado? Por lo menos escuchado, a vos y al “mandolión” y al tercer músico, aunque no supiera nada de vos como escritor porque eso habría de suceder mucho después, en el cuarenta y siete, cuando Nadie encendía las lámparas. Y sin embargo creo que nos hubiéramos reconocido en ese club donde todo nos habría proyectado el uno hacia el otro, yo te habría invitado a mi piecita para darte cana y mostrarte libros y quizá, vaya a saber, alguno de esos cuentos que escribía por entonces y que nunca publiqué. En todo caso

collague original con texto, firma y fotografía del escritor estadounidense Ray Bradbury

Ray Bradbury, un relato

  —¿Qué harías si supieras que ésta es la última noche del mundo? —¿Qué haría? ¿Lo dices en serio? —Sí, en serio. —No sé, no lo he pensado. El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café torrado. —Bueno, será mejor que empieces a pensarlo. —¡No lo dirás en serio! El hombre asintió. —¿Una guerra? El hombre sacudió la cabeza. —No. —¿La bomba atómica o la bomba de hidrógeno? —No. —¿Una guerra bacteriológica? —Nada de eso —dijo el hombre, revolviendo suavemente el café—. Sólo, digamos, un libro que se cierra. —Me parece que no entiendo. —No. Y yo tampoco, realmente. Sólo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y sólo una cierta paz. —Miró a las niñas y los caballos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara—. No te lo he dicho. Ocurrió por primera vez hace cuatro noches. —¿Qué? —Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: ¿Qué piensas, Stan?, y él me dijo: Tuve un sueño anoche. Antes que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ése. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara. —¿Era el mismo sueño? —Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente, cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios, o que se observaban las manos, o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo. —¿Y todos habían soñado? —Todos. El mismo sueño, exactamente. —¿Crees que será cierto? —Sí, nunca estuve más seguro. —¿Y cuando terminará? El mundo, quiero decir. —Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas. Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos. —¿Merecemos esto? —preguntó la mujer. —No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué? —Creo tener una razón. —¿La que tenían todos en la oficina? La mujer asintió. —No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era sólo una coincidencia. —La mujer levantó de la mesa el diario de la tarde—. Los periódicos no dicen nada. —Todo el mundo lo sabe. No es necesario. —El hombre se reclinó en su silla, mirándola—. ¿Tienes miedo? —No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no. —¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla? —No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa. —No hemos sido tan malos ¿no es cierto? —No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables. En el vestíbulo las niñas se reían. —Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles. —Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas. —¿Sabes? Te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad, ni mi trabajo, ni nada, excepto vosotras tres. No me faltará nada más. Salvo, quizá, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo? —No se puede hacer otra cosa. —Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche. —Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas. —Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre. —En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso… como siempre. El hombre permaneció inmóvil durante un rato, y al fin se sirvió otro café. —¿Por qué crees que será esta noche? —Porque sí. —¿Por qué no alguna noche del siglo pasado o de hace cinco siglos o diez? —Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 1969 y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin. —Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano, y que nunca llegarán a tierra. —Eso también lo explica, en parte. —Bueno —dijo el hombre incorporándose—, ¿qué haremos ahora? ¿Lavamos los platos? Lavaron los platos y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta. —No sé… —dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios. —¿Qué? —¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz? —¿Lo sabrán también las chicas? —No, naturalmente que no. El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea

este collague con forma de sobre tiene una fotografía de la poeta Emily Dickinson y su firma

Emily Dickinson, tres poemas

  40/  When I count the seeds   When I count the seeds That are sown beneath, To bloom so, bye and bye—   When I con the people Lain so low, To be received as high—   When I believe the garden Mortal shall not see— Pick by faith its blossom And avoid its Bee, I can spare this summer, unreluctantly.   Cuando cuento las semillas sembradas allá abajo para florecer así, lado a lado—   cuando examino a la gente que tan bajo yace para llegar tan alto—   cuando creo que el jardín que no verán los mortales— siega el azar sus capullos y sortea a esta abeja, puedo prescindir del verano, sin queja.   ***   269/ Wild nights – Wild nights Wild nights — Wild nights!Were I with theeWild nights should beOur luxury! Futile — the winds —To a Heart in port —Done with the Compass —Done with the Chart! Rowing in Eden —Ah — the Sea!Might I but moor — tonight —In thee!   ¡Noches salvajes — Noches salvajes!¡Si con vos estuvieraNoches salvajes seríannuestro lujo! ¡Fútiles — los vientos —para el Corazón en puerto —a un lado la Brújula —y a un lado el Mapa! Remando en el Edén —¡Ah — el Mar!¡Si pudiera echar amarras — esta noche —en vos! ***   500/ Within my Garden, rides a Bird   Within my Garden, rides a Bird Upon a single Wheel— Whose spokes a dizzy Music make As ‘twere a travelling Mill—   He never stops, but slackens Above the Ripest Rose— Partakes without alighting And praises as he goes,   Till every spice is tasted— And then his Fairy Gig Reels in remoter atmospheres— And I rejoin my Dog,   And He and I, perplex us If positive, ‘twere we— Or bore the Garden in the Brain This Curiosity—   But He, the best Logician, Refers my clumsy eye— To just vibrating Blossoms! An Exquisite Reply!   En mi jardín avanza un pájaro sobre una rueda con rayos— de música persistente como un molino errante—   jamás se demora sobre la rosa madura— prueba sin posarse elogia al partir,   cuando probó todos los sabores— su cabriolé mágico va a remolinear en lontananzas— entonces me acerco a mi perro,   y los dos nos preguntamos si nuestra visión fue real— o si habríamos soñado el jardín y esas curiosidades—   pero él, por ser más lógico, ¡señala a mis torpes ojos— las vibrantes flores! ¡Sutil respuesta!   ***   Poemas originales de la poeta EMILY DICKINSON  (Amherst, Massachusetts) se ha seguido la cronología de la escritura de la poeta y se ha respetado la tipografía tan particular de la autora varios traductores

poema Hijo de la luna y la sombra, Romancero de canciones y ausencias, homenaje, fotografía Miguel Hernández, poema, carta

Miguel Hernández, un poema

                  I       (HIJO DE LA SOMBRA) Eres la noche, esposa: la noche en el instantemayor de su potencia lunar y femenina.Eres la medianoche: la sombra culminantedonde culmina el sueño, donde el amor culmina. Forjado por el día, mi corazón que quemalleva su gran pisada de sol a donde quieres,con un solar impulso, con una luz suprema,cumbre de las mañanas y los atardeceres. Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arrojesu avaricioso anhelo de imán y poderío.Un astral sentimiento febril me sobrecoge,incendia mi osamenta con un escalofrío. El aire de la noche desordena tus pechos,y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.Como una tempestad de enloquecidos lechos,eclipsa las parejas, las hace un solo bloque. La noche se ha encendido como una sorda hoguerade llamas minerales y oscuras embestidas.Y alrededor la sombra late como si fueralas almas de los pozos y el vino difundidas. Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,la visible ceguera puesta sobre quien ama;ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama. La sombra pide, exige seres que se entrelacen,besos que la constelen de relámpagos largos,bocas embravecidas, batidas, que atenacen,arrullos que hagan música de sus mudos letargos. Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,con todo el firmamento, la tierra estremecida. El hijo está en la sombra que acumula luceros,amor, tuétano, luna, claras oscuridades.Brota de sus perezas y de sus agujeros,y de sus solitarias y apagadas ciudades. El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,y a su origen infunden los astros una siembra,un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra. Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,tendiendo está la sombra su constelada umbría,volcando las parejas y haciéndolas nupciales.Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.   Miguel Hernández /Orihuela, España Poema Hijo de la luna y la sombra (1ª parte) recogido en su libro Cancionero y romancero de ausencias (1958)

poema "la puerta está semiabierta" de la escritora y poeta rusa Anna Ajmátova

Anna Ajmátova, un poema

  La puerta está semiabiertaSe espira el sabor dulce a tilas…Olvidados en la mesaEl guante y la varilla El circulo de lámpara amarillo…Atiendo a los susurros¿Por qué te has ido?No entiendo… Despejada y radianteserá la mañanaLa vida es bellaCorazón, sé más sagaz Ya estás cansado,Los latidos cada vez más sordos, silenciosos…Sabes, he leídoque las almas inmortales son   Дверь полуоткрыта,Веют липы сладко…На столе забытыХлыстик и перчатка. Круг от лампы желтый…Шорохам внимаю.Отчего ушел ты?Я не понимаю… Радостно и ясноЗавтра будет утро.Эта жизнь прекрасна,Сердце, будь же мудро. Ты совсем устало,Бьешься тише, глуше…Знаешь, я читала,Что бессмертны души.   Poema de la poeta rusa Anna Ajmátova febrero, 1911 /Tsarskoe selo Traducido por Kseniya Tokareva  

fotografía de la poeta y narradora Rumana Ana Blandiana, sello de Rumania

Ana Blandiana, un poema

  Las iglesias no tienen tejado    sino alas de tejas ateridas sobre el cuerpo   Llegará el día de abrirlas y de elevarse     despacio, a regañadientes, alzando sus cuerpos          de oro y humo por el aire, cada vez más alto volando con un gran clamor, como una bandada de aves grávidas     hacia el ocaso mientras montañas histéricas mezcladas con el mar    que irrumpe en ellas se derrumbarán:      hermoso fin del mundo con grandes iglesias vivas girando bajo el azul cielo vivo   Poema de Ana Blandiana titulado «Alas» del libro El sueño dentro del sueño (1971) reestructurado tipográficamente

fotografías de la escritora brasileña Clarice Lispector, cuento felicidad clandestina, 1971

Clarice Lispector, un cuento

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería. No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”. Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban. Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato. Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría. Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro. Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez. Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla. Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos. Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo! Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena, le ordenó a su hija: -Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: -Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer. ¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo. Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era

sobre con motivos de monstruos y folkore Japón-viaje hacia el Japón fantástico

sobre secreto #5

Su agencia de viajes de confianza, Osaka Travel book, tiene el placer de informarle que su solicitud para conocer el Japón fantástico ha sido tramitada correctamente. Escritores y escritoras locales le acompañaran en todo momento durante su expedición. Podrá disfrutar de la lectura de Mizawaja Kenji, Sato Haruo y Lafcadio Hearn (entro otros y otras). Te informamos que a nuestros seres sobrenaturales les encanta la comida española; así que si les ofreces pinchos de tortillas y croquetas variadas te estarán muy agradecidos. Durante su viaje rogamos no utilice bajo ningún concepto la expresión: El Japón fantástico está muy bien pero hubiera preferido leer a Cortázar ya que eso podría tener consecuencias realmente impredecibles No se olvide llevar su libro de visitas para que los distintos seres y presencias que encuentre en el camino se lo vayan sellando Gracias por confiar en nosotros y feliz viaje! Fdo: Osaka Travel book

fotografías, cita y firma de la poeta polaca Wisława Szymborska

Wisława Szymborska, un poema

Mujer, ¿cómo te llamas? —No sé. ¿Cuándo naciste, de dónde eres? —No sé. ¿Por qué cavaste esta madriguera? —No sé. ¿Desde cuándo te escondes? —No sé. ¿Por qué me mordiste el dedo cordial? —No sé. ¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé. ¿A favor de quién estás? —No sé. Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé. ¿Existe todavía tu aldea? —No sé. ¿Estos son tus hijos? —Sí.   Poema titulado Vietnam de la poeta polaca Wisława Szymborska

divan real-psicoanalista-Viena-Londrés-Sigmund Freud

Sigmund Freud, un relato

Querido participante del psicoanálisis: escúchanos con atención, somos nosotras, tus amigas del universo. Hemos sabido, gracias a nuestras emisarias terrestres, que deseas empezar un psicoanálisis o quizás lo hayas comenzado ya. Habrás oído que es un viaje sin garantías, absolutamente singular, cuya experiencia no es extrapolable ni generalizable. Eso es cierto, pero nosotras que hemos asistido a muchos analizantes en momentos de crisis, hemos creído poder tres aislar tres etapas, más o menos diferenciadas, por las que pasan una gran cantidad de personas y queremos darte algunas orientaciones que seguro te van a ser de gran ayuda. Cada uno de estos territorios que vas a atravesar tiene sus riesgos y esperanzas. Aquí te lo contamos con detalle. Feliz travesía!   la etapa inicial Antes esta primera etapa era sencilla: seguramente eras una mujer, de una determinada clase social, vivías en la Viena de principios de siglo y solo había una persona a la que podías consultar. Por recomendación de alguien, acudías allí, te abría la puerta un hombre muy afable de barba tupida con pipa de madera, te explicaba con mucho lujo de detalle la regla fundamental. Y durante varios meses, a sesión diaria de aproximadamente una hora, relatabas todos tus desvelos amorosos y problemas familiares, de mayor o menor importancia. En tiempos más modernos, muchas psicoanalistas están apostando por no hacer una explicación exhaustiva de la regla fundamental, considerando que eso puede propiciar algunos sesgos. Si estás muy malito o malita, por una desestabilización fantasmática, un debut delirante o una crisis aparatosa, tu psicoanalista va a hacer el par contigo, una especie de dialogo, y te va a intentar ofrecer sostén y apoyo con sus preguntas. De lo contrario, prepárate para afrontar la siguiente situación: un hombre o mujer, sentado en la silla de enfrente tampoco muy cómoda, te mirará con gran atención y preocupación, y con su silencio va a sostener la ilusión de que des cuenta con palabras de los malestares más importantes de tu vida. Jeje, a ver, esto es casi imposible para la mayoría de seres humanos. ¿Cómo hemos visto nosotras que la gente consigue salir del atolladero? Habrás de levantarte de la silla, y empezar a dar vueltas por la consulta y empezar a realizar divagaciones y asociaciones (cualquier cosa que te venga a la cabeza es bienvenida) sobre lo que por allí encuentres. Algunos fragmentos reales que hemos escuchado: «Veo que a vosotros también os han instalado los contadores de calefacción individual, llevaba tiempo esperándolo» y ahí cuentas múltiples odios y enconos con tus vecinos. «Ay, ¡que bromelia más bonita!, ¿sabes que a mí me gustan también mucho las bromelias?» y a partir de ahí quizás puedas dar cuenta de algo de tus amores y tu deseo. «Anda, pero si tú también lees a Heidegger, ¿sabes que luego se volvió nazi? Pobre» y quizás puedas contar algo de tus importantes compromisos políticos. «Hombre, un cuadro impresionista holandés. Yo estuve en Ámsterdam una vez, y luego, bueno, me fui al psiquiátrico una temporada para relajarme un poco» y llegado ese punto, cuentas tu historia sin miedo ni mirar atrás. Cuando en tu Escuela se alude a «entradas en análisis», se refieren a este tipo de cosas. Algunas personas desean ir un poco más lejos, a parte de estas asociaciones muy libres: sacan un libro de la estantería y empiezan a recitarlo de forma poética, comentan las notas de la próxima ponencia de su psicoanalista sobre la mesa y le dan útiles consejos y aun cosas más extrañas. Aunque todo esto suele agradar mucho a los psicoanalistas, también les desconcierta un poco, y muchos de ellos han empezado a ser más minimalistas en sus consultas. Entonces te verás obligada a reflexionar sobre su cuerpecito, por supuesto, en los términos más cariñosos posibles. Podrías probar diciendo que: «Veo que estás un poco gordito, yo tampoco cuido mucho mi dieta últimamente, ¿sabes?» Y entonces, cuando tu analista menos se lo espere… ¡Zasca!: TRASTORNO ALIMENTICIO COMPLETO DESDE LOS 13 AÑOS Y EL VÍNCULO HORRIBLE CON LA MADRE QUE LO HIZO POSIBLE Por supuesto, hay inicios menos espectaculares. De todas las boludeces que digas, que van a producir una gran oscuridad planetaria (las distintas Asociaciones mundiales las monitorean para que no produzcan  desequilibrios graves en las fuerzas sutiles del universo), seguro que también el cielo va a poder asistir al nacimiento de las frases importantes. ¿Cómo reconocerlas? a) nunca las habías dicho ni pensado antes (el inconsciente no solo se desvela sino que se produce en los huequitos del lenguaje. Son como flores que crecen por las grietas del asfalto algunos días de primavera, y eso es increíble) b) son producto de un saber no sabido, fruto de que el inconsciente está ya operando c) te alegrarás de haberlas dicho, aunque a veces son un poco fuertes d) curiosamente suelen estar desacopladas del relato de los sueños, que suelen ser muy transferenciales en este momento e) a veces se producen en los umbrales, entrada o salida de la consulta f) van más allá del fallido Si te hayas en el portal del edificio preguntándote porque tu psicoanalista paró ahí y no en otro momento la sesión, es que esas frases han comenzado a aparecer. Después de algunos meses o varios años, de bastantes de estas frases vas a observar que tu malestar se ha reducido considerablemente. Sufres menos, o al menos sufres más dignamente, ya no te sientes únicamente una víctima del mundo (pese a todas las condiciones estructurales que nos atraviesan) y en lo que dices seguramente empiece a haber una mayor implicación subjetiva. Una gran cantidad de pacientes interrumpen su tratamiento en ese momento. Declaran sentirse mejor, dan las gracias (o ni siquiera) y se marchan. Pero nadie quiere eso, tú no quieres eso, Lacan no quiere eso, Freud no quiere eso, tus compañeras psicoanalistas no quieren eso y tu apreciado analista, al que tanto te costó encontrar, está dispuesto a acompañarte hasta mucho más lejos. Encontrarás suficiente curiosidad y ánimo para seguir y sin darte

carta sobre el relato "el nadador" del escritor americano John Cheever

sobre secreto #4

Donal Westerhazy es el personaje protagonista del célebre relato El nadador de John Cheever, publicado originalmente un 18 de Julio, de 1964, en The New Yorker Así comienza el relato: «Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan: –Anoche bebí demasiado » Donald Westerhazy, tal como se cuenta, se propone la hazaña -decadente, gloriosa o incomprensible- de volver a casa nadando por muchas de las piscinas del condado Pero no va a ser tan fácil; en cada casa quiere saludar a los conocidos y amigos y tomarse alguna copita. El día pasa, se está haciendo de noche, y su familia le echa mucho de menos. Cuando apoyas este medio ayudas a que Donald Westerhazy vuelva pronto a casa. Estas son las piscinas que lleva ya recorridas:

sobre con imagen de luna, solo y signo del zodiaco

sobre secreto #3

Te queremos recomendar un relato de función de tu signo del Zodiaco:

carta donde se cuenta la historia secreta de los magos de oriente, Reyes magos

sobre secreto #2

Queremos contarte nuestra propia versión de quienes fueron los magos de Oriente: Los magos de Oriente no eran seguramente reyes, como se dice con frecuencia en la actualidad. Entonces, nos preguntamos quienes eran en realidad: ¿sacerdotes eruditos babilónicos o persas? ¿practicantes de la magia zoroastrianos? ¿simplemente hombres sabios que buscaban la verdad que no encontraban en sus culturas y tradiciones? Según el relato bíblico, los magos de Oriente guiados por la luz de las estrellas viajaron desde el lejano oriente (quizás Persia o alguna región cercana) atravesando muchas dificultades y peligros (eso no lo dice, pero podemos imaginarlo), para llevar sus presentes a este niño  llamado a ser el Mesías que acaba de nacer El punto de debate es si realmente alguien poderoso o con mucho dinero querría haber ido a visitar a Jesús, ya que creemos que eso desmentiría y entraría en contradicción con el legado y las enseñanzas de Jesús, recogidas en el antiguo testamento Si una de las enseñanzas importantes de Jesús es que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un hombre rico entre en el reino de los cielos, entonces, ¿qué sentido tendría que las primeras personas que fueran a verle fueran en realidad personas poderosas y con dinero? A María y José se le cerraron todas las puertas en ese momento y Jesús tuvo que nacer en un humilde pesebre, y ellos quisieron ir a verle, eso es lo único cierto, sin los recelos y envidia que tuvo en esos momentos Herodes Otras cuestiones son menos relevantes: su número, si eran familia, si venían acompañados de otros, si fueron legiones. En el relato se suele hacer mucho énfasis también en el significado y riqueza simbólica de cada regalo: el oro, el incienso y la mirra Eso es importante, pero creemos que hay algo más profundo que se suele olvidar: el verdadero regalo que llevaron los magos de Oriente fue su presencia y su mirada, lo único que en realidad podemos regalar a quienes queremos Aún sin decirlo, le expresaban: «nos alegramos de que hayas nacido y que estes vivo, y nosotros, te vamos a acompañar a lo largo del camino y quizás, tú también a nosotros» Magos de oriente son quienes lleven algo de luz a otros Magos de oriente quizás también seas tú que aportas tu presencia e ilusión a otras personas, u otros que lo hacen para ti No podemos olvidar la consideración de Françoise Dolto cuando expresaba que todos los niños han de ser adoptados No basta traer a un hijo al mundo, lo importante es si somos capaces de acogerles y acompañarlos. De esa forma, no es tan importante si el hijo o hija es adoptado o biológico, sino la acogida y compañía que le ofrecemos Los hijos no son de nadie, tampoco de los padres y madres que los trajeron Los niños y las niñas pertenecen pertenece por derecho propio a la vida

en esta carta se explica el concepto según el psicoanálisis y según Jacques Lacan

sobre secreto #1

Queremos contarte lo que es el deseo: Al deseo es muy difícil cazarlo con palabras pero haremos el intento: no sé si os acordáis de que cuando éramos pequeños, durante las acampadas, salíamos a cazar gamusinos. Los gamusinos no existen, es verdad, pero gracias a esa propuesta disfrutábamos de una noche estrellada en la naturaleza y de la presencia de nuestros amigos Con el deseo pasa algo parecido. Nunca se puede cumplir o satisfacer del todo, pero siempre encontramos algo en el camino de su búsqueda El deseo es también el espacio u oxígeno necesario para que prenda el fuego de una chimenea. Si ponemos demasiados troncos y sarmientos, es probable que no surja la llama Esto lo comprendió muy bien el psicoanalista Ricardo Rodulfo, cuando expresaba que el amor es donar espacio. Ese es el mejor regalo que podemos hacer a quienes queremos Cuando damos demasiados consejos a la otra persona, le decimos lo que tiene que hacer, le juzgamos o interpretamos lo que dice según nuestra propia visión del mundo, no dejamos que surja su deseo Los desastres a veces se producen «intentando que al otro le vaya bien» que suele ser pretender que todo el mundo sea como nosotros Por el contrario, cuando nos retiramos un poco, estamos presentes con nuestro cuerpo y nuestra mirada, y escuchamos a la otra persona con atención, dejamos que surja su deseo Ya que el deseo nunca es una orden sino una pregunta Nosotros no podemos provocar de manera fácil el deseo en otras personas. Tampoco sirve de mucho pedir que nos quieran. Pero podemos acompañar a los otros en su búsqueda, que nunca tiene garantía completa Deseos hay de muchos tipos: alocados, traviesos, fantasiosos, extraños y hasta algo oscuros pero si somos honestos con nosotros mismos, y no confundimos deseo con su hermana la fantasía, habremos de reconocer que deseo en realidad solo hay uno: el deseo de estar vivo Y cuando deseamos estar vivos, siempre encontramos personas en el camino para compartirlo        

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