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Sigmund Freud, un relato

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Querido participante del psicoanálisis:

escúchanos con atención, somos nosotras, tus amigas del universo.

Hemos sabido, gracias a nuestras emisarias terrestres, que deseas empezar un psicoanálisis o quizás lo hayas comenzado ya. Habrás oído que es un viaje sin garantías, absolutamente singular, cuya experiencia no es extrapolable ni generalizable.

Eso es cierto, pero nosotras que hemos asistido a muchos analizantes en momentos de crisis, hemos creído poder tres aislar tres etapas, más o menos diferenciadas, por las que pasan una gran cantidad de personas y queremos darte algunas orientaciones que seguro te van a ser de gran ayuda.

Cada uno de estos territorios que vas a atravesar tiene sus riesgos y esperanzas.

Aquí te lo contamos con detalle.

Feliz travesía!

 

la etapa inicial

Antes esta primera etapa era sencilla: seguramente eras una mujer, de una determinada clase social, vivías en la Viena de principios de siglo y solo había una persona a la que podías consultar. Por recomendación de alguien, acudías allí, te abría la puerta un hombre muy afable de barba tupida con pipa de madera, te explicaba con mucho lujo de detalle la regla fundamental. Y durante varios meses, a sesión diaria de aproximadamente una hora, relatabas todos tus desvelos amorosos y problemas familiares, de mayor o menor importancia.

En tiempos más modernos, muchas psicoanalistas están apostando por no hacer una explicación exhaustiva de la regla fundamental, considerando que eso puede propiciar algunos sesgos. Si estás muy malito o malita, por una desestabilización fantasmática, un debut delirante o una crisis aparatosa, tu psicoanalista va a hacer el par contigo, una especie de dialogo, y te va a intentar ofrecer sostén y apoyo con sus preguntas.

De lo contrario, prepárate para afrontar la siguiente situación: un hombre o mujer, sentado en la silla de enfrente tampoco muy cómoda, te mirará con gran atención y preocupación, y con su silencio va a sostener la ilusión de que des cuenta con palabras de los malestares más importantes de tu vida. Jeje, a ver, esto es casi imposible para la mayoría de seres humanos.

¿Cómo hemos visto nosotras que la gente consigue salir del atolladero?

Habrás de levantarte de la silla, y empezar a dar vueltas por la consulta y empezar a realizar divagaciones y asociaciones (cualquier cosa que te venga a la cabeza es bienvenida) sobre lo que por allí encuentres.

Algunos fragmentos reales que hemos escuchado:

«Veo que a vosotros también os han instalado los contadores de calefacción individual, llevaba tiempo esperándolo» y ahí cuentas múltiples odios y enconos con tus vecinos.

«Ay, ¡que bromelia más bonita!, ¿sabes que a mí me gustan también mucho las bromelias?» y a partir de ahí quizás puedas dar cuenta de algo de tus amores y tu deseo.

«Anda, pero si tú también lees a Heidegger, ¿sabes que luego se volvió nazi? Pobre» y quizás puedas contar algo de tus importantes compromisos políticos.

«Hombre, un cuadro impresionista holandés. Yo estuve en Ámsterdam una vez, y luego, bueno, me fui al psiquiátrico una temporada para relajarme un poco» y llegado ese punto, cuentas tu historia sin miedo ni mirar atrás.

Cuando en tu Escuela se alude a «entradas en análisis», se refieren a este tipo de cosas.

Algunas personas desean ir un poco más lejos, a parte de estas asociaciones muy libres: sacan un libro de la estantería y empiezan a recitarlo de forma poética, comentan las notas de la próxima ponencia de su psicoanalista sobre la mesa y le dan útiles consejos y aun cosas más extrañas. Aunque todo esto suele agradar mucho a los psicoanalistas, también les desconcierta un poco, y muchos de ellos han empezado a ser más minimalistas en sus consultas.

Entonces te verás obligada a reflexionar sobre su cuerpecito, por supuesto, en los términos más cariñosos posibles.

Podrías probar diciendo que: «Veo que estás un poco gordito, yo tampoco cuido mucho mi dieta últimamente, ¿sabes?» Y entonces, cuando tu analista menos se lo espere…

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Por supuesto, hay inicios menos espectaculares. De todas las boludeces que digas, que van a producir una gran oscuridad planetaria (las distintas Asociaciones mundiales las monitorean para que no produzcan  desequilibrios graves en las fuerzas sutiles del universo), seguro que también el cielo va a poder asistir al nacimiento de las frases importantes.

¿Cómo reconocerlas?

a) nunca las habías dicho ni pensado antes (el inconsciente no solo se desvela sino que se produce en los huequitos del lenguaje. Son como flores que crecen por las grietas del asfalto algunos días de primavera, y eso es increíble)

b) son producto de un saber no sabido, fruto de que el inconsciente está ya operando

c) te alegrarás de haberlas dicho, aunque a veces son un poco fuertes

d) curiosamente suelen estar desacopladas del relato de los sueños, que suelen ser muy transferenciales en este momento

e) a veces se producen en los umbrales, entrada o salida de la consulta

f) van más allá del fallido

Si te hayas en el portal del edificio preguntándote porque tu psicoanalista paró ahí y no en otro momento la sesión, es que esas frases han comenzado a aparecer. Después de algunos meses o varios años, de bastantes de estas frases vas a observar que tu malestar se ha reducido considerablemente. Sufres menos, o al menos sufres más dignamente, ya no te sientes únicamente una víctima del mundo (pese a todas las condiciones estructurales que nos atraviesan) y en lo que dices seguramente empiece a haber una mayor implicación subjetiva.

Una gran cantidad de pacientes interrumpen su tratamiento en ese momento.

Declaran sentirse mejor, dan las gracias (o ni siquiera) y se marchan. Pero nadie quiere eso, tú no quieres eso, Lacan no quiere eso, Freud no quiere eso, tus compañeras psicoanalistas no quieren eso y tu apreciado analista, al que tanto te costó encontrar, está dispuesto a acompañarte hasta mucho más lejos.

Encontrarás suficiente curiosidad y ánimo para seguir y sin darte cuenta, te encontrarás ya en la etapa intermedia.

Otros peligros que acechan la primera fase:

a) equivocarte de piso y acabar contando tu vida íntima y sexual a la vecina del cuarto mientras disfrutas de sus ricas empanadillas

b) verte boicoteada por los comentarios inquietantes del portero de la comunidad: «veo que vienes mucho a ver a (A), debes tener muchos problemas»

c) no llevar dinero nunca (al menos algunas veces, habrás de llevarlo)

d) tratar a tu psicoanalista como un amigo

e) Preguntar a tu analista si te quiere, tal como tú lo quieres

f) intentar hacer reír a tu psicoanalista con algunos chistes ocurrentes (spoiler: nadie ha conseguido eso todavía)

g) Querer saber muchas cosas de su vida

la etapa intermedia

Si el tono afectivo de la primera fase era de sorpresa -los fuegos artificiales que menciona Miller-, encantamiento o incluso algo de euforia, está fase suele estar marcada por cierta desesperación. Es posible que el espacio psicoanalítico haya perdido algo de magia y el cuerpo de tu psicoanalista se te haga muy presente, y eso puede que te agobie un poco. Vas a sentir que dices siempre lo mismo, tus sueños tienen los mismos elementos, y quizás no esté pasando nada muy nuevo por tu vida. Aquí, si eres un poco obsesivo hasta te va a ayudar. La tozudez no es siempre mal augurio.

El consejo más repetido de otros analizantes ha sido: «obstinación y persistencia».

Seguir asistiendo, seguir diciendo cuestiones (aunque no veas sentido a nada), seguir realizando los pagos. Si tu psicoanalista, aun con cariño, ya hace interpretaciones al estilo: «Esto otra vez? ¡Auxilio!», tú respóndele con entusiasmo: «Sí, soy».

Espera, en estos momentos, ver actos analíticos verdaderamente creativos por parte de tu compañero de viaje: serenatas de ópera cantadas a viva voz, macetas voladoras, bofetadas vigorizantes que te quitan la tontería. No eres tú, es la pulsión ¿vale?

El paisaje de esta zona como vas a poder observar es gris y agreste y hay que atravesar las lagunas pantanosas de las repetición pulsional. El clima es húmedo y antipático, la lluvia molesta, los colores desvaídos. Sigue caminando, ensimísmate, olvídate de todo porque dentro de poco estarás frente a «la enigmática selva de la pulsión».

Los árboles te van a ser muy sencillos de reconocer, porque son ancestrales y majestuosos. Sus ramas desnudas alojan gran cantidad de insectos voladores, crece musgo muy verde en su tronco y sus ramas en una altura impenetrable se tocan en la oscuridad (muchos bosques originarios del planeta se están conservando gracias al fantasma, y próximas generaciones se lo reconocerán a los analizantes).

Tu psicoanalista se va a desplazar a este lugar contigo. Hasta ese punto llega su compromiso. No nos preguntes de verdad como lo hacen. Ellos y ellas tienen «sus métodos» (lo que viste anoche agitarse en el bosque no era un oso durmiendo bajo hojas y ramas, era tu psicoanalista tomando notas) (no llevan provisiones tampoco, porque entienden que lo más importante para sobrevivir son los veintisiete tomos de los seminarios de Lacan, ellos son así)

Objetos imprescindibles para esta fase: repelente de mosquitos, velas y linterna, machete de exploradora, algo de agua y provisiones.

La recomendación más repetida, llegado este momento, es: «inconsciencia y valentía».

Que te ataca una serpiente peligrosa de la relación sexual que no existe en clara actitud mortífera, la matas rauda con tu machete, que viene un chimpancé y te saluda amistosamente pues le das un abrazo muy afectuoso, que un cocodrilo superyoico te acecha con sus fauces pues palito en la boca y para adelante.

Tú psicoanalista va a estar cerca de ti apoyándote en todo momento. Y nosotras, tus amigas del universo -cometas, estrellas, cuerpos celestes y a quienes perdiste a lo largo del camino- te vamos a acompañar también, invisibles pero presentes, infundiéndote fuerza y valor.

Él o ella lo que va a hacer es ir aislando distintas frases de tu discurso, sin sentido, o con un exceso de sentido. Serán las balizas luminosas que alumbren tu camino, las piedras que den alguna orientación en ese confuso mapa de cicatrices, que es el texto, porque nosotras somos textos instituidos también: cuerpos sutiles, palabras vivientes.

Durante esta etapa los honorarios funcionan de esta forma: se pagará a razón de jornada completada juntos, con su día y su noche. Pagos validos serán: una pequeña y valiosa porción de comida, un trago de agua de tu cantimplora, quince minutos de uso de linterna y si la cosa se pone muy fea, un abrazo caluroso para manteneros con vida.

Los actos psicoanalíticos se contarán del siguiente modo: animal abatido juntas por muerte simple (un acto), animal grande vencido tras gran batalla (dos actos), atravesamiento de río o salto de cascada (un acto), paso de liana de tres árboles o cuatro si son delgaditos (un acto).

Un día, a cualquier hora, sin darte cuenta, cuando entiendas por fin que no por casualidad se llama «peligrosa travesía del fantasma» y no «paseo de tranqui por el parque» estarás entrando en los ansiados territorios finales.

Riesgos durante la fase intermedia:

a) no ir a terapia porque sientes que no tienes nada que decir

b) empezar a odiar todo, incluido tu psicoanalista

c) quedarte callado mucho rato al comienzo de sesión (esto es lo peor que uno puede hacer en la vida, pero tranquilo, tu psicoanalista sabrá que hacer)

d) quererte morir, hacer morir a otras personas

e) sucumbir a la desesperación

f) que un animal peligroso, producto de que tu fantasma es un poco chungui, te termine devorando de la forma más horrible (no suele pasar, tu tranquila)

g) seguir sin llevar dinero

h) ponerte paranoico y hacer boludeces en plan en serio

i) olvidarte del humor y la ternura, que son casi los único antídotos que hacen algo más amable al superyó

 

la última etapa

El bosque de la pulsión te va a quedar a tu espalda y vas a empezar a recorrer un territorio desconocido. Su paisaje es lunar, bastante alucinado, hay plantas y árboles muy extraños, chaparros, inclinados y moldeados en formas curiosas por el viento. No es exactamente la Patagonia, pero representa ciertos confines.

Viven allí muchos animales que se creían extinguidos. Los animales, que por desgracia los humanos no somos capaces de cuidar, viven juntos en paz y armonía en este territorio. Esta etapa está marcada por alegría, una fuerte vivificación, y una nueva satisfacción empieza a producirse. Derivado que gran parte del deseo se alojaba en los recovecos del fantasma, algunas analizantes en esta etapa dicen sentir que no tienen deseo y no saben qué camino tomar. Esto es algo temporal, el deseo sigue existiendo, lo que pasa es que empieza a ser más tranquilo y mucho menos imperativo.

Los consejos que más hemos escuchado para esta etapa son: «relájate y disfruta».

Como esta etapa es muy espiritual, ofrece además una ventaja invaluable: ni siquiera hay que acudir a consulta y eso suele gustar mucho. La gente imita animales, canta con los pájaros, se siente tan libre como un indio Arapahoe. Todo es grato y bienvenido, nada importa, todo importa… y el universo te saluda con entusiasmo a tu paso.

Al final de este territorio, tras varias jornadas de paseo, vas a encontrar una puerta tras un pórtico acristalado, de madera, recia y oscura. Su forma es ovalada.

  • MALA NOTICIA: ninguna llave del mundo abre esa puerta
  • BUENA NOTICIA: algunos encuentros contingentes y algunos sueños la abren

Los encuentros contingentes no se pueden provocar y suele ser más fácil al final encontrar el sueño.

Objetos decisivos para este momento: tabaco de liar, hierbas mágicas, peyote, ayahuasca

Dormirás algunas noches a la intemperie más, quizás quieras fumar o no, tomarte algo de lo que llevas en la mochila para provocar cierto trance. Verás estrellas fugaces atravesar el cielo, amaneceres y auroras boreales que quitan el aliento y acabará apareciendo tarde o temprano el esperado relato del sueño.

Si insistes en contar los sueños fantasiosos de la etapa inicial que tanto nos enternecen, a saber: descubrimiento de tesoros enterrados, unicornios que no existen, monstruos japoneses antiguos, amantes que nunca llegaron a merecer tu aprecio y otras cositas tuyas, la puerta seguramente no se va a abrir, por lo que sea.

Entonces, ¿cómo sabrás que el sueño es «el sueño»?

a) suele ser breve

b) no es muy fantástico muchas veces. A veces puede ser un simple gesto sencillo, pero es muy revelador

c) puede ser cierta reescritura de sueños anteriores aislando un solo elemento, resto caída de la mirada, o algo inédito

d) suele tener que ver con la vida y la muerte (dramático, ¿eh?)

e) a veces hay una metáfora inaugural que lo alumbra: el agua, la luz, las manos

f) a veces aparece un animal, quizás salvaje saliendo del letargo, producto de que la extinción se está extinguiendo

Cuando creas tenerlo habrás de decirlo frente a la puerta. El texto no se puede recitar literalmente en ningún caso. El relato habrá de ser dicho de la forma más sencilla posible y aun así con cierta emotividad. No es una imploración ni un conjuro, pero casi.

AVISO IMPORTANTE: nunca cometas el error fatal de decir este relato en segunda persona, porque el superyó se suele manifestar a través de la segunda persona gramatical, y entonces volverás irremediablemente a la etapa intermedia o incluso la etapa inicial.

Si todo funciona correctamente, ojalá así sea, una persona abrirá del otro lado y será tu psicoanalista. Se supone que para ese momento ya habrá caído el Sujeto supuesto saber, entonces no va a poder hacer un discurso muy grandilocuente. Pero él o ella estará muy contento y tú también. A veces se producen la entrega de algún regalo, con relación a la palabra, la escritura o el discurso (no sé porque la gente piensa que pacientes y analistas no se hacen nunca regalos, eso nos sorprende mucho). Y a veces se dice algo más, entendiendo que tu psicoanalista ha pasado a ser ya un compañero o compañera. Pero a veces ya no es necesario.

Esto es lo que Lacan nombró como «la alegría de estar vivo».

Por arte de magia, estarás de regreso a tu vida y va a ser una etapa algo intensa y extraña: quizás haya algún encuentro contingente, seguramente tengas más sueños, rememoraciones apres coup de distintos momentos del análisis, lo que dijiste o te dijeron, quizás algunas notas del viaje cobren un nuevo sentido.

Creíste no poder llegar nunca hasta aquí y lo conseguiste y eso es verdaderamente hermoso, y si te apetece contarlo, mapa posible para otros y otras, estaremos encantadas de escucharte.

* * *

Este relato, aun desde el humor, es un reconocimiento y agradecimiento profundo a los distintos psicoanalistas que me han acompañado en distintos momentos de crisis y angustia de mi vida. Sin su sostén y apoyo, la historia habría sido muy diferente.

Estas palabras las terminó de escribir con mucha ilusión y cariño, casi a final del año 2025, Joaquín García, con la ayuda de sus amigas del universo, sin las que nada de todo esto hubiera sido posible.

GRACIAS POR LEERLO

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