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acompañar el comienzo de la vida

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Había una vez un grupo de personas que se dedicaban a acompañar el comienzo de la vida. Las llaman educadoras infantiles.

 Para llevar a cabo esta labor, necesitaron formarse mucho en diferentes aspectos, ya que es algo que no puede hacer cualquiera. Pasaron años estudiando ciclos formativos de educación infantil, carreras universitarias de maestras, másteres específicos, cursos de diferentes pedagogías, idiomas… Ellas tenían que ser lo suficientemente buenas en su trabajo, pues sabían que tenían entre sus manos una gran responsabilidad. 

Pasaron los años y después de invertir su tiempo, esfuerzo y dinero en formarse salieron a la sociedad para poner en práctica todo lo recibido. 

Caminaron con su maleta llena de conocimientos y una gran ilusión dispuestas a repartir todo lo aprendido por las escuelas de Madrid, pero en esta búsqueda se llevaron una gran sorpresa, se toparon con la realidad. Se encontraron solas, con aulas llenas de niños y niñas que no podían, ya no educar, ni siquiera acompañar. Condiciones precarias que nada tenían que ver con lo que les habían contado en su formación. De ninguna manera podían poner en práctica todo lo aprendido.

Aun así, ellas seguían intentándolo cada día, pero volvían a sus casas pensando en todo lo que les habían faltado por hacer y en todos los niños que no habían podido ni mirar a los ojos ese día. Estaban tristes, frustradas e indignadas. Sabían que no podían seguir así, tapando y sosteniendo un sistema que no funciona. Sabían que su precariedad laboral influía directamente en el bienestar de sus alumnas ya que los cuidados y las relaciones a estas edades tempranas determinaban la salud mental de los niños a un futuro. Sabían que estaban sufriendo maltrato institucional y tanto ellas como la infancia y sus familias merecían un trato digno y merecedor de unas condiciones diferentes para acompañar lo más valioso de la sociedad. Poco a poco se iban desgastando, sus cuerpos iban enfermando y su salud mental estaba en peligro. 

Así que un día dijeron ¡basta! Se organizaron y salieron a pedir y gritar a las instituciones el cambio que tanto merecían. Inundaron las calles y las plazas de amarillo. Las podrás ver en muchas partes, si te encuentras con ellas apóyalas y acompáñalas porque, sin ellas, los cuidados no funcionan. 

Dicen que no volverán a las aulas hasta haberlo conseguido.

Y colorín colorado este cuento NO ha acabado…


     ***


ALMUDENA DEL OLMO es madre y educadora infantil en la etapa de 0-3 años

Damos las gracias con mucho cariño a la autora por habernos remitido este texto tan lleno de fuerza, valentía y vitalidad

Collague en imagen destacada: Lucy Fleming, ilustradora (izquierda arriba) https://www.lucyflemingillustrations.com &  Fiona Woodcock, ilustradora (centro arriba) https://www.fionawoodcock.com

La hora del vermut

abril, 2026

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