Muchas veces podemos preguntarnos, quienes narramos, si en la escritura debemos literaturizar la vida (es decir ficcionalizarla, mejorarla un poco) o vivificar la literatura; es decir introducir elementos vivos, de fuerza, creíbles y reales: fragmentos de realidad. Creo que ambas cuestiones son ciertas. Y el fenómeno coloquial nos permite ambas al mismo tiempo: ¿qué elemento más vivo a fin de cuentas que el propio lenguaje, que nos precede como sujetos, que nadie sabe cuándo nació ni cuándo morirá?
El lenguaje nos acompaña desde la barriga de mamá y es nuestra seña de identidad más singular e intransferible. Por desgracia, estamos viendo que en estos tiempos el habla es clonable. Pero nunca será sustituible, ni reemplazable ya que ninguna máquina, aunque emita sonidos verosímiles y comprensibles, podrá hablar, ya que no hay lenguaje sin encarnatura en el cuerpo y la subjetividad.
Introducir el habla en un texto lo humaniza, lo dota de vida, de ternura, o al menos de credibilidad. Me parece buena idea que un texto narrativo acabe dando cuenta de como habla alguien, un niño, una pareja, una familia, cualquier persona.
El fenómeno coloquial sería uno de los indicadores, pero no el único, del proceso de humanizar un texto. Esto, cuando a quien narra le interesa eso en sus narraciones. H. P. Lovecraft, el genio de Providence, es quizás uno de los autores menos coloquiales de la historia de la literatura. A fin de cuentas, las criaturas primigenias no hablan, ¿no? En la pretensión del relato de horror lovecraftiano es no humanizar la literatura, sino deshumanizarla, y mostrar la insignificancia de los seres hablantes frente a los monstruos sin palabra.
También hay otra cuestión de por medio muy interesante; parece, que, como efecto casi ineludible de la globalización, el fenómeno coloquial en literatura no está muy de moda. Algunos narradores pueden renunciar al fenómeno coloquial pensando que de lo contrario la historia tendrá demasiado color local y por tanto su historia será menos universal. Es la versión sofisticada y contemporánea del prejuicio habla popular “entrecomillada y de segundo rango” vs la literatura culta.
Es además una falsa antinomia; nada más universal que lo que tiene soporte en un lugar concreto. Aquí estaríamos también en el juego de escrituras más localizadas -por lengua y contexto cultural- que escrituras deslocalizadas. Si pensamos que la literatura es el territorio de lo específico; la literatura no habla de cosas generales, siempre de cuestiones singulares 1 x 1: no habla del amor, habla de un amor. No habla de la infancia. Habla de un niño o varios niños. No habla de familias, habla de una familia. No habla de la verdad, en todo caso, de como una persona o personaje accede a cierta verdad.
Tomando esto en cuenta, pero también por mi gusto personal, yo personalmente no quiero saber la historia de una niña de cualquier país como en “Un hombre cualquiera” de SAMANTA SCHWEBLIN, sino de una niña de abuela italiana, que vive en Argentina, que recibe en su casa un tío que viene de Lima, donde la abuela habla un extraño dialecto, donde HEBE UHART, realiza un bello homenaje quizás inconsciente a sus orígenes familiares italianos.
Es posible que también haya una petición de las editoriales a las narradoras de historias menos localizadas, así el libro puede venderse en cualquier lengua, y el lector puede fantasear que transcurre en cualquier lugar. Aunque eso tiene una justificación para la venta de un libro, en cierta medida es un ataque a la singularidad cultural. Todo pese a que el cuento “Un hombre sin suerte” sea un cuento extraordinario y memorable, y uno de los más celebrados de la narradora argentina recientemente conmemorada con el Premio AENA.
Una posible explicación de porque no se ha acentuado la coloquialidad en ese relato es la voluntad de transmitir que este tipo de violencias y desamparos las sufren niñas en infinidad de lugares del mundo. Pero como contraargumentación se podría decir que la narradora argentina Dolores Reyes, introduce con mucha más pregnancia la coloquialidad en su novela Cometierra (2025) sin disminuir ni un ápice por ello el quantum del alegato político.
El cuento transcurre en un shopping, un atasco y un hospital de cualquier ciudad del mundo globalizado capitalista. Me hubiera gustado que la niña desamparada hablara la lengua de su familia y de su país: Argentina. Al menos yo fantaseo que es argentina, que es el origen de la narradora, aunque Samanta viva desde hace muchos años en Berlín. No una lengua franca española, que no existe en ningún sitio del mundo.
Otras cuestiones que hay que aclarar es el fenómeno coloquial no es algo especifico de la ruralidad o de las historias de los pueblos. Hay coloquialidades urbanas tal como pensó JULIO CORTÁZAR (que le salió mejor que a otros autores como MARIO BENEDETTI)
Tampoco me parece útil pensarlo en el sentido de literatura realista ⇒ tendente a lo coloquial o fantástica ⇒ no tendente a lo coloquial
El fenómeno coloquial puede resultar un homenaje emotivo, aunque sea de forma indirecta o inconsciente, a personas concretas de la vida de quienes escribimos, que también es una forma interesante de que la escritura sea motor. Toda literatura es epistolar, como expresa el escritor ELOY TIZÓN. Si por ejemplo vamos a hacer un cuento a nuestra mamá, que menos que intentar dar soporte a como habla nuestra madre, o al menos hacer una digna aproximación, ¿no?
Para hacer esto, como expresaba el mexicano JUAN RULFO en alguna entrevista, no se trata de ir con el micrófono a registrar como habla la gente. La coloquialidad funciona en principio por memoria afectiva⇒ recreación que siempre es algo un poco ficticia. Tras un vínculo significativo de muchos años o vivir en una zona mucho tiempo, uno termina sabiendo como hablan esas personas, en este caso los campesinos de Jalisco. Pero también uno puede inspirarse saliendo a ver como habla la gente en su pueblo o su ciudad.
Por ejemplo, ANTÓN CHÉJOV muchos de sus relatos, parece que ha salido de paseo al más puro estilo ROBERT WALSER, ha visto gente hablando y ha “copiado” esa forma de hablar a vuelapluma. Esto en realidad no es exactamente así. Eso es posible porque también Chejov vivió con esas gentes durante toda su vida.
El fenómeno coloquial va mucho más allá de su casi obligatoria inclusión para narrar sobre gremios profesionales o mundos específicos – culturales, musicales, deportivos u otros- como hizo Julio Cortázar sobre el jazz y el boxeo en “La noche de mantequilla”. Este cuento, perteneciente a su sexto libro de cuentos “Alguien Que Anda Por Ahí” de 1977, está dedicado a José Ángel «Mantequilla», en Nápoles, en la que fue su pelea contra Carlos Monzón, por el título Mediano, el 9 de febrero de 1974, que tuvo como escenario la ciudad de París.

El fenómeno coloquial contribuye a la construcción del tono, que nunca puede ser neutro e indiferente, la atmósfera, que ha de ser viva y creíble y el ritmo, habitualmente rápido en el relato aunque haya cuentos más morosos, seguido por las modulaciones del habla o introduciendo elementos como reiteraciones o repeticiones, que dotan de poética al texto. El fenómeno coloquial además tiene la ventaja de ser matizable, ya que no hablamos en general de fenómenos coloquiales puros. A fin de cuentas, nadie sabe con total exactitud como habla nadie ni es fácil sostener un texto solo en el habla (tiene que haber, habitualmente, algo de discurso que guie lo narrado), pero digamos que actúan al menos como color del texto o una de sus sensorialidades, que no tiene porque ser uniforme ni total.
Dentro de esta matización; el fenómeno coloquial, aunque es una maniobra compleja, no tiene por qué quedar solo del lado de los personajes -uso extendido o solo puntual- y se puede desplazar también al personaje-narrador e incluso un relato puede estar sostenido enteramente en la coloquialidad, como el extenso y conmovedor dialogo de “La última noche del mundo” The Last Night of the World (1951), del inolvidable narrador estadounidense RAY BRADBURY.
El riesgo de lo coloquial -aunque sus beneficios casi siempre compensan sus peligros- es caer en lo artificioso, inverosímil o que incluso parezca una parodia irrespetuosa de quienes estamos hablando.
Ahí el amor por un país, unas gentes, unos personajes concretos serán los que mejor actúen de mapa y orientación a recorrer.
No será una guía infalible, pero al menos, sí, un buen augurio.
Joaquín García
La hora del Vermut, abril de 2026

