Alguien habla. Alguien me dice.
Extraordinario silencio el de esta noche.
Alguien proyecta su sombra en la pared de mi cuarto. Alguien me
mira con mis ojos que no son los míos.
Ella escribe como una lámpara que se apaga, ella escribe como una
lámpara que se enciende. Camina silenciosa. La noche es una mujer
vieja con la cabeza llena de flores. La noche no es la hija preferida de
la reina loca.
Camina silenciosa hacia la profundidad hija de los reyes.
De demencia la noche, de no tiempo. De memoria la noche, de
siempre sombras.
***
Empecemos por decir que Sombra había muerto. ¿Sabía Sombra que Sombra había muerto? Indudablemente. Sombra y ella fueron consocias durante años. Sombra fue su única albacea, su única amiga y la única que vistió luto por Sombra. Sombra no estaba tan terriblemente afligida por el triste suceso y el día del entierro lo solemnizó con un banquete.
Sombra no borró el nombra de Sombra. La casa de comercio se conocía bajo la razón social Sombra y Sombra. Algunas veces los clientes nuevos llamaban Sombra a Sombra; pero Sombra atendía por ambos nombres, como si ella, Sombra, fuese en efecto Sombra, quien había muerto.
***
Solo buscaba un lugar más o menos propicio para vivir, quiero decir: un sitio pequeño donde cantar y poder llorar tranquila a veces. En verdad no quería una casa; Sombra quería un jardín.
– Sólo vine a ver el jardín – dijo.
Pero cada vez que visitaba un jardín comprobaba que no era el que buscaba, el que quería. Era como hablar o escribir. Después de hablar o de escribir siempre tenía que explicar:
—No, no es eso lo que yo quería decir.
Y lo peor es que también el silencio la traicionaba.
— Es porque el silencio no existe – dijo.
El jardín, las voces, la escritura, el silencio.
—No hago otra cosa que buscar y no encontrar. Así pierdo las noches.
Sintió que era culpable de algo grave.
—Yo creo en las noches – dijo.
A lo cual no supo responderse: sintió que le clavaban una flor azul en el pensamiento con el fin de que no siguiera el curso de su discurso hasta el fondo.
— Es porque el fondo no existe – dijo.
La flor azul se abrió en su mente. Vio palabras como pequeñas piedras diseminadas en el espacio negro de la noche. Luego, pasó un cisne con rueditas con un gran moño rojo en el interrogativo cuello. Una niñita que se le parecía montaba el cisne.
— Esa niñita fui yo – dijo Sombra.
Sombra está desconcertada. Se dice que, en verdad, trabaja demasiado desde que murió Sombra. Todo es pretexto para ser un pretexto, pensó Sombra asombrada.
***
La hija de la voz la poseyó en su estar, en su ser, por la tristeza.
Los pequeños pájaros ponzoñosos que se abrevan en un agua negra donde se refleja la maravilla, son sus animales, son sus emblemas. A un tiempo mismo busca calentar su corazón suplicante.
Los perros nocturnos: otro llamamiento.
¿Quién conoce mi humor hiriente? Desde mi libro aullante “alguien mata algo”.
Nadie me enciende ninguna lámpara, nadie es del color del deseo más profundo
***
—Empecemos por decir que Sombra había muerto.
—Desapareció tras su propia desaparición.
— Estaba trabajando en su despacho. Sin desearlo, escuchaba a la
gente que pasaba golpeándose el pecho con las manos y las piedras
del pavimento con los pies para entrar en calor.
— Entretanto, la bruma y la oscuridad hiciéronse tan densas que
Sombra caminaba por su gabinete alumbrándose con fósforos.
SOMBRA: – ¿Qué hora es?
— La que acaba de pasar. La última.
SOMBRA: – Hay en la escalera un niño. Es verdad que hace tiempo
maltraté a un niño. A ése, precisamente.
Sombra conocía al niño abandonado en la escalera. Entonces sollozó.
Nota:
«Textos de sombra» son ocho textos que se hallaron tras la muerte de Alejandra Pizarnik en los apartados INÉDITOS y ACABADOS de una carpeta, en una libreta, y también en hojitas sueltas bajo el título “Sombra” o “Textos de Sombra”. Son por tanto algunos de sus últimos poemas, y se puede suponer tras su lectura y por los títulos de los poemas que Alejandra Pizarnik quería escribir un libro con título y sombra como personaje central. Sombra parece que antes fue una niña como se dice en un poema y también conoce al niño que está en la escalera y por eso llora. Los textos de sombra son algunos de los textos más conmovedoras de la autora argentina. No queda claro que el orden de publicación que ha seguido los poemas completos para la editorial Lumen fuera el que realmente hubiera utilizado AP en caso de escribir un libro acerca de Sombra, ya que eran textos en proceso de reordenación.
Por ello, hemos optado por hacer nuestra ordenación particular que fue:
texto 1: PRESENCIA DE SOMBRA
texto 2: EL ENTENDIMIENTO
texto 3: poema sin título, fechado por AP en 1-V-1972
texto 4: PREFACIO DE SOMBRA (I), fechado por AP en 12/VII/1970, que apareció en la carpeta con poemas 1970-72, sección «acabados»
texto 5: ESCRITO CUANDO SOMBRA
Se recomienda la lectura de la cuidada edición de sus poesías completas:
Alejandra Pizarnik, Poesía Completa (Ed. Lumen, 2014) donde se encuentran estos textos y muchos otros conmovedores y muy interesantes
También recomendamos mucho la visita al blog, homenaje a la escritura y vida de Alejandra Pizarnik: https://alejandrapizarnik.blogspot.com/
La hora del vermut, enero, 2026



