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yeguas en la noche, la escritura indócil de TAMARA SILVA BERNASCHINA

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TAMARA SILVA BERNASCHINA (Minas, Uruguay) es autora de Desastres naturales (2023), su primer libro de cuentos, galardonado ese año con dos Premios Bartolomé Hidalgo; el de narrativa y el Revelación. Al año siguiente, recibió el Premio Nacional de Literatura en la categoría Ópera Prima.

Su novela Temporada de ballenas (2024) recibió una mención de honor en el concurso literario Juan Carlos Onetti. Ha sido escritora residente en Vil-la Joana (Barcelona) y acompaña talleres de escritura. Vive actualmente en Montevideo y por sus redes sociales, sabemos que ama a los perros y otras criaturas, las piedrecitas de colores, pasear por su Uruguay natal y viajar por el mundo de forma incansable.

Recibo con mucha alegría la lectura de su último libro de relatos, Larvas, publicado por Páginas de Espuma en 2025. Este tercer libro y segunda entrega de relatos, realiza una profunda desestabilización -como ya había emprendido en sus dos anteriores libros- de lo que entendemos por mundo y campo de la realidad.

Estas son algunas de las cuestiones que he pensado y me ha hecho sentir su escritura singular:

 

el lenguaje canta siempre en otra parte

La primera frase que nos encontramos al abrir el libro Larvas es ya una artefacto epistemológico de gran alcance: “el problema no está en mi cabeza sino en otra parte”. Y así, la vida prosigue su curso, en permanente difracción, siempre aquí y a su vez siempre apareciendo en otra parte. ¿Pero dónde? ¿nos estará hablando del deseo, tan extraño a nuestra propia comprensión?

Este primer relato, más destello fugaz en la noche que pórtico majestuoso, es profundamente anti-épico, semejante a la apuesta que hizo valer durante toda su vida la escritora argentina Hebe Uhart (y que muchos no comprendieron), para la que no eran más importantes los grandes problemas filosóficos que atraviesan la humanidad, que una niña que experimenta divertida como podrá hacer un pastel en varias dimensiones. Este relato es ya una fuerte impugnación de aquello que consideramos importante.

Un piojo, parece “solo” un piojo, pero esos bichitos que pueblan esa cabeza por desgracia o por placer, hacer girar en torno a ellos parte de las constelaciones afectivas y familiares de ese niño, los secretos y promesas, las verdades medio dichas, lo oculto e innombrado y los caminos que están de venir

Emerge aquí una felicidad clandestina, muy lispectoriana, apuntando a un placer gozoso encontrado en mitad de la noche, que queda sustraído a la mirada de la mamá. Es un cuento realmente extraño, parece bastante tierno y amable como su título, pero genera cierta inquietud, porque aunque cartografía algunos temas del libro tampoco anticipa en forma suficiente lo que está por venir.

 

hacia una nueva teoría de la realidad

Su viaje escritural, el viaje que nos propone Tamara Silva, prefiere el tránsito por atmósferas -que me recordó en cierta medida a su compatriota Felisberto Hernández, ya que sin planes previos ni grandes guiones se deja llevar viendo hasta donde le lleva el lenguaje- que optar por una mayor claridad del discurso narrativo, lo cual es algo más que un simple gusto estético.

Son otras racionalidades, descubrimiento a través de la escritura de cómo el lenguaje se infiltra en los afectos sin llegar a legislarlos por completo; otras formas de mirar.

La realidad de Tamara Silva parece no funcionar como la realidad de Samanta Schweblin, que tras una realidad ordenada atisba como un súbito parpadeo otra inquietante y fragmentaria, pero donde habría todavía posibilidad -al menos como fantasía- de reordenación y regreso a las categorías preestablecidas. Su escritura recorre sin miedo y sin mirar atrás distintas regiones de lo insólito, el unheimlich freudiano por ejemplo, donde lo que es familiar acaba derivando en algo profundamente perturbador con algún remanso de reposo en lo insólito cotidiano tal como lo pensé Magritte.

Pero su insólito está más allá de cualquier categoría, como si ella, en cierta medida hubiera inventado una tradición para su propia escritura.

Lindes algo maravillosos, puertas que se abren sin saber adónde, juego de umbrales, navegación insegura sobre la lengua de agua que sostiene el mundo.

Aproximación liminal, que no impide en ocasiones algunas luces, porvenires posibles, entre ternura y espanto. Aquí parte del meollo, auténtico dilema para mí es de qué lado decidirá hacer caer las exploraciones tras esos vaivenes del lenguaje y me pregunté tras su lectura si no hubieran sido posibles otros finales para alguno de sus relatos, sobre todo para “Jauría”.

No hablo de las posibilidades del lenguaje que en cierta medida nos excluye. Hablo del mundo: de este mundo.

 

la Otra infancia

Tamara Silva viene a inscribirse en el linaje de aquellas escritoras que han mirado a la infancia sin paternalismos ni idealizaciones.

Niños extraños, visionarios y a veces crueles (Silvina Ocampo), niños exploradores y curiosos filósofos a su manera (Hebe Uhart), niños apenados por la muerte de sus amigos (Ana María Matute), niñes que sufren la violencia de su país con mucha angustia y haciéndose pis en los pantalones (Laura Ortíz), niñes en situación de desamparo frente a unos papas que se olvidan de ellos (Samanta Schweblin), entre otras muchas escritoras y escritores

¿Y cómo son los niñxs de Tamara Silva?

Son niñxs que no dan por válida la mirada de sus padres, solo por el hecho de serlo. Son niñxs que quieren mirar la vida por sí mismos, donde la sexualidad imprecisa y los secretos que no convienen desvelar muy pronto, son algunos de los descubrimientos posibles

Este libro, audaz en su lengua y su voz, deja desconcertado al lector, ya que no deja extraer con claridad un tono afectivo ni ofrece como refugio demasiadas amarras lógicas.

Es un mundo, donde la pulsión de muerte y la lógica de la depredación -abordada hasta sus extremos aterradores por Agustina Bazterrica- podría prevalecer por momentos frente a los cuerpos de los más vulnerables. Hablo sobre todo del relato “Jauria” el cual, aunque fuera para atenuar su impacto en mi subjetividad, quise leerlo en clave alegórica hobbesiana. El hombre podría ser y como sabemos por desgracia es lobo para otros humanos, todo en ese estado de duermevela y parálisis, donde las escuelas, los servicios públicos, quedan en estado de suspensión.

Pero quizás Tamara desee que este cuento se lea tal cual está, y no darle esa interpretación tan globalizadora.

 

la otredad del cuerpo y la dimensión política del asco

El asco, el hermano pobre de los afectos frente a la alegría y la tristeza, parece que cobra en sus textos una dimensión simbólica y política, porque en su lectura, el asco, es advertencia para la subjetividad, pero no como mero esfuerzo legalizante de una pulsión que se vuelve endogámica, sino a frente a peligros de distinta índole, como un consejo de una buena amiga que consigue llegar a tiempo. Ascos que parece entroncar con la mirada vergonzante ejercida históricamente sobre el cuerpo de la mujer.

¿Es el asco también culpa internalizada, resto patriarcal, mancha ciega?

Su aproximación audaz a la cuestión del cuerpo viene a dar soporte a la tesis lacaniana de que el gran Otro, la verdadera otredad descubierta tras muchos seminarios y compañía de muchos y muchas, es el propio cuerpo y el cuerpo de los otros. Lenguaje que da extensión al cuerpo, es su continuidad lógica, uno de sus fluidos y materiales heterogéneos que lo conforman.

Sería muy difícil dar cuenta con palabras de lo que supone un parto, el acecho menstrual, la sexualidad, una enfermedad o para este niño del relato “Mi piojito lindo” -quizás mi preferido del libro y auténtico prodigio narrativo, donde la ambigüedad del género del protagonista es sostenida hasta el final- la colonización de unos bichitos de su cabeza y también esas erogeneidades difusas y acuáticas, restos fecundos que alumbraron nuestra infancia.

Sensaciones y placeres que no se subsumen en ninguna égida totalizadora, por mucho que sus personajes niñes -bastante curiosos y algo violentos (pero no más que la propia vida)- quieran capturarlos de distintas formas.  El cuerpo o los cuerpos porque quizás no sea solo uno -también está el cuerpo de lo social y la cultura- pone de manifiesto el registro de lo Real (sigo a Jacques Lacan también en este punto), lo que queda por fuera de lo simbólico, lo que no es apresable ni con palabras ni con imágenes.

Es lo Otro, el más allá, lo incognoscible.

Tamara Silva, zafándose a cada paso de la retórica y los excesos discursivos, reduciendo las frases a sus mínimos elementos y disconforme con la estabilización simbólica que podrían propiciar las metáforas, lleva esta aproximación a su máximo riesgo e imposibilidad.

Después; apenas silencio, o quizás lo inefable.

Pero Tamara no toma la vía mística como atajo como hicieron otras mujeres a lo largo de la historia, su escritura va siempre a pie de tierra o a nado, es trashumante, camina a velocidad humana, por las montañas y paisajes de su tierra, viendo animales y plantas del Uruguay que tanto ama – que aunque no se nombran de forma explícita están siempre presentes, otro milagro de la elipsis- porque el amor es también una forma de invisibilidad, regocijo en ese juego de perplejidades y excesos desmedidos que es la vida.

Su escritura pareciera una niña devenida mujer, que mirara el mundo tras crecer y se dijera de pronto: ¿y ahora qué?

 

…sin querer concluir

Siento mientras leía Larvas que es un libro de una autora que se deja llevar por el lenguaje hasta sus últimas consecuencias; vértices inquietantes, abismos pero también posibilidades de resguardo, de tono más nocturno que melancólico, desconcertante, donde no se ha descuidado ni en el trabajo del lenguaje -todo lo que eso es posible en una estructura trans-linguística nunca enteramente regulable mediante la escritura- ni en la ordenación de sus relatos.

Su voz parece alzarse como un murmullo firme: ¡desdomestiquen sus categorías preconcebidas y no aprisionen en cajones lo insólito que representa la vida!

Voz de peces y agua más que discurso construido, dolor cantando en confines del afecto, en una ruta sin garantías que tiene como brújula una mirada sin complacencia y tierna, pero de una ternura feroz

Un libro lleno de vida en múltiples formas, donde no parece haber una solución única frente al horror, los vínculos que podrían ampararnos o la belleza

¿Qué quiere una mujer? ¿Qué supone escribir hoy? ¿Puede una yegua agonizante ser todavía fruto en este mundo tan extraño que nos ha tocado vivir?

Creo que sí, y auguramos para su escritura, para la escritura de TAMARA SILVA, muchos días felices por delante, porque de su mano comprendimos que algunos secretos son también una forma de promesa.

 

                                  ***

 

Quiero despedirme recomendando la lectura del libro de relatos Larvas (Páginas de Espuma, 2025) y los otros dos trabajos de la autora: Desastres naturales (2023) y Temporada de Ballenas (2024). Creo que acompañan de forma formidable la edición y portadas de Páginas de Espuma y Estuario editora, que es la edición de sus dos primeros libros que he podido leer. ¡Me gustó muchísimo la imagen de Desastres naturales diseñada por Lucía Boiani!

 

Escrito con mucho cariño por Joaquín García

La hora del Vermut, abril de 2026

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