
Clarice Lispector nació en 1920 en Chechelnik, una pequeña aldea ucraniana perteneciente a la antigua Unión Soviética. Su familia estaba de paso, en diáspora, huyendo de los progromos que sufrían la población judía en aquella época. Su abuelo fue asesinando y su madre fue violada por soldados del Ejército ruso los cuales le contagiaron la sífilis. La pequeña Clarice vino al mundo bajo la superstición, que pesó en su vida como una losa, que salvaría con su nacimiento a su madre. Fue bautizada como Chaya que en ucraniano significa “vida”. Cuestión imposible de salvar a la madre que la arrastró a la culpa y quizás también a la tristeza durante toda su vida. Su familia viajó a Brasil pasando primero por otros países europeos, y llegó allí cuando apenas tenía un año de vida.
Desde niña era ya notable su talento para escribir. Pero los editores de los periódicos nunca publicaban los relatos que enviaba, porque como relata la autora, sus historias nunca empezaban con Érase una vez. No eran de cuentos felices ni cuentos de Hadas.
Con solo veintidós años, en 1944, pariría la bomba lumínica que fue Cerca del Corazón salvaje, la historia de una mujer, sus amores y deseos, desde la juventud hasta la edad madura. La novela mereció el premio Graça Aranha y fue recibida con entusiasmo entre la crítica brasileña. Ya en esa obra late su estilo inconfundible que le acompañaría el resto de su vida y sus recurrentes obsesiones temáticas: la soledad, el desamparo, las situación de la mujer en un mundo de hombres, las relaciones familiares a veces opresivas, el amor y el deseo.
Después de esta obra vendría una vida entera dedicada a la escritura -escritura que le permitía estar casada con un diplomático y no tener apuros económicos, tener una habitación propia como diría Virginia Woolf-, con novelas célebres como La pasión según G. H. (1964) o su última producción La hora de la estrella (1967), cartas y crónicas periodísticas y varios libros de cuentos como el primero Lazos de familia (1960) o La legión extranjera (1964) que se han considerado la cima de su talento narrativo. La legión extranjera no tuvo buena acogida entre el público. Se le acuso de explícito y pornográfico. No se la perdonó a Clarice traicionar la bella forma de la literatura.
Clarice era una autora que necesitaba psíquicamente escribir, le ayudaba a soportar la vida. Como aclara en alguna entrevista cuando no escribe se siente muerta. Se enfadó mucho por ejemplo cuando se enteró del suicidio de Virginia Woolf, porque según ella tenemos «el terrible deber de llegar hasta el final»
Clarice Lispector definió su estilo como un no-estilo. Siempre dio mayor relevancia al flujo de conciencia, a la intimidad subjetiva de sus personajes y sus conflictos psicológicos, que a los hechos estrictamente narrados. Por este motivo ha sido comparada, quizás torpemente, con escritores como Virginia Woolf o James Joyce. Son muchas las palabras que se han utilizado para intentar definir su estilo, sin embargo hay una palabra que utiliza su traductora al español Cristina Peri Rossi que quizás sea el más acertado: seco. Un estilo desnudo, fabricado solo con palo y hueso, no por ello dejando de ser lírico.
En sus cuentos, un hecho perturbador (contingencias de lo real) suele quebrar la tranquila y doméstica morosidad de los protagonistas. Un ejemplo paradigmático sería «Amor» donde una mujer comienza a sentirse alterada después de ver a un ciego comiendo chicle llegando a una especie de delirio turbulento o «La bella y la bestia» o «La herida demasiado grande» donde una mujer es sometida a un conflicto moral, cuestión que le producirá una crisis en toda regla, después de que un mendigo le pida dinero en la calle.
También encontramos cuentos-poema como «Es allí donde voy» donde se prescinde de protagonista y conflicto para presentarnos un puro hecho de lenguaje. Sin embargo, el cuento favorito de Clarice fue dese siempre «El huevo y la gallina» porque decía que era un texto que no entendía. No-entender es muy importante en la escritura de Lispector. Es muy difícil aproximarse a sus textos desde lo racional.
Clarice Lispector es una escritora especial, muy compleja, que no es del agrado de todo el mundo. Es una autora difícil y en ocasiones críptica, que implica en su lectura poner mucho de nuestra subjetividad y que nos puede someter a conflictos y sensaciones de incomodidad como lo hace la perturbadora novela La pasión según G.H.
Dice Emma Rodríguez: «Lispector es en sí misma un planeta y para llegar a su centro, al centro de esta mujer que nació para jugar con el lenguaje y renovarlo, para volcar la poesía en extensos valles narrativos, hay que ejercitar todos los sentidos»
La hora de la estrella (1977) ponía punto “final” a la carrera de esa escritora no profesional llamada Clarice Lispector. Es una apuesta decidida por encontrar la palabra -escritura motorizada por la conciencia del dolor y la muerte- donde se reflexiona sobre lo hasta absurdo de la vida con cierto grado desafección. Pese a el patetismo de los personajes, y mostrar sin velos un mundo obsceno, injusto y violento (en eso recuerda algunas películas de Pasolini), constatando la precariedad de las ficciones y los semblantes, no por ello opaca el singularísimo y vital estilo de Clarice Lispector -estrella sin hora de la literatura- que, todavía por muchos años más, seguirá brillando en la oscuridad.
Joaquín García
enero, 2026



