URL has been copied successfully!
URL has been copied successfully!

estupor y temblores, EDGAR ALLAN POE

URL has been copied successfully!

Hay escritores y escritoras que desbordan las fronteras de su país, son colosos de la literatura, y sería en vano intentar restringirlos a un género escritural o un área geográfica. Así como Dostoievski afirmó que todos veníamos del capote de Gogol, los escritores Jorge Volpi y Fernando Iwasaki afirman que «todos somos descendientes de Poe». Porque Poe, al igual que Baudelaire y después Walter Benjamin, son los inventores de la gran metrópolis y la modernidad. Muchas de sus pesadillas son eminentemente urbanas.

Edgar Allan Poe -pese a su talento para la poesía- será siempre recordado por sus relatos breves de misterio y terror -incluido el nuevo terror metafísico derivado de la instalación de la modernidad que siempre asustó al de Boston- y por ser el inventor del relato detectivesco, con el inolvidable detective Dupin, padre simbólico de otros detectives literarios famosos, igual de infalibles, como el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle o Hércules Poirot de Agatha Christie. También contribuyó con varias obras al género en su día emergente de la ciencia ficción. Fue primeramente poeta al igual que Lovecraft, cuestión que se nota claramente en su escritura en la musicalidad y en el uso particular de los adjetivos.

Sigmund Freud afirmaba que la humanidad había sufrido tres profundas heridas, tres afrentas a su narcisismo. Primero, cuando Copérnico descubrió que la tierra no es el centro del universo. Segundo, cuando Darwin señala que los seres humanos no fueron creados de manera especial y única, sino que descienden del mono y antes aún, de formas de vida más simples. Por último, pero no menos importante, la herida psicológica -ya que como vislumbraron Freud y luego Lacan- el yo de los sujetos no es soberano en su propia casa, pues los seres humanos estamos gobernados por las pulsiones y el inconsciente.

En esta última vía transitará hasta sus últimas consecuencias Edgar Allan Poe, demostrando que los sujetos estamos poseídos por fuerzas oscuras, reconocibles aunque imparables, como la melancolía, el alcoholismo o la locura. Fuerzas que pueden propagarse rápidas como la muerte en «La máscara de la muerte roja» amenazando el orden “natural” burgués. En Poe el terror no viene del exterior, de fuerzas preternaturales como en Lovecraft sino de los propios demonios interiores: la insania, el afán cruel de venganza y tortura, el gozo mórbido de contemplar la propia muerte o el miedo irracional a ser enterrado vivo que le acompañó toda la vida.

Es fácil, hasta cierto punto, separarse de horror sobrenatural de Lovecraft, no creer en sus criaturas fantasiosas pero es mucho más difícil tomar distancia del horror en Poe, cuando observamos que la crueldad y la tortura sigue ejerciéndose con impunidad en mazmorras oscuras de muchos lugares del planeta. Por eso, su aproximación al género es tan aterradora, porque es tremendamente actual. De alguna forma, pone fin de alguna forma al sueño ilustrado de unos seres humanos gobernados por la bondad y la razón. En Poe no hay orden preestablecido. En su cosmovisión nadie está a salvo.

Hasta Poe, con alguna excepción como Melmoth, el Errabundo de Charles Maturin (1820), las historias del ghost story victoriano se ubicaban en casas y castillos, en sucesos paranormales que siempre podía ser a la postre ser neutralizados por explicaciones racionales, tristes princesas que vivían atormentadas entre cuatro paredes cumpliendo aciagos destinos familiares o villanos sin escrúpulos, que a fin de cuentas eran individuos concretos y localizados, desviados de la norma antropológica. Y podían ser vigilados y castigados como señalaría décadas más tarde el filósofo francés Michel Foucault.

En Poe el horror, lo encarnan seres normales, estremecedoramente normales, como expondría la filósofa Hannah Arendt en su tesis la banalidad del mal tomando como ejemplo paradigmático al alemán encargado de los campos de concentración Otto Adolf Eichmann. Véase como ejemplo el crimen salvaje de «El corazón delator»

En Poe, el misterio puede ser explicable -a fin de cuentas era un hombre con una veta muy racionalista y con gusto por los acertijos y la criptografía- como en el relato «El escarabajo de oro» pero es muy complejo de neutralizar, porque aunque se encarne de forma especial en algunos sujetos, afecta de alguna manera a todos los hombres. Para él angustia o el nerviosismo o la violencia anidan en la intimidad de nosotros mismos como una especie de demonio o kakon –como ya vislumbraron los griegos- pudiendo emerger en cualquier momento. El infierno somos nosotros mismos.

Quizás Edgar Allan Poe fue un genio visionario que, como el poeta inglés William Blake, pagó muy caro abrir camino y salirse de los caminos trillados de los clichés de la escritura de su época. Bajo su hospitalario paraguas, los escritores siguen, seguimos escribiendo, intentando todavía hacer del cuento algo digno y a la altura de nuestra época.

Señalando caminos que otros, quizás más capaces, algún día habrán de recorrer.

por Joaquín García

Please follow and like us:
compartir
Instagram
Whatsapp
Copy link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio