
Satō Haruo 佐藤 春夫 nacería el 9 de abril de 1892, en la ciudad de Shingū, en la prefectura de Wakajama, ubicada en el extremo más meridional de península de Kii, al sur de la isla de Honshū en Japón
Su padre, llamado Toyotaro, procedía de una antiquísima tradición de nueve generaciones de médicos, próximo y amante de la cultura, ya que el mismo estudiaba de forma apasionada poesía de la mano del poeta Masaoka Shiki 正岡子規 , renovador del poema haiku, considerado luego uno de sus cuatro maestros junto con Matsuo Bashō 松尾芭蕉, Yosa Buson 与謝蕪村 y Kobayashi Issa 小林一茶
Satō comenzó su actividad literaria en el último periodo de la era Meiji 明治時代, cobró un gran impulso artístico durante la floreciente y vanguardista era Taishō 大正時代 y llevaría ese recorrido hasta la era Shōwa 昭和
En ese ambiente cultural y familiar propicio el joven Satō comenzaría a escribir poesía con mucha influencia del romanticismo y simbolismo, en estrofas libres, sin perder ancla completamente en la tradición, pero fue más recordado por sus relatos vanguardistas y novelas de corte fantástico que están pensadas como el mismo expresó para aquellos que a los que les gusta soñar
Su primer texto de ficción, “Un perro español” Supein-ken no ie 西班牙犬の家, vería la luz en 1917 -que no es exactamente una fábula al no haber enseñanza moral aunque lo protagonicen dos animales- donde un personaje-narrador, sale del tedio para seguir a su perro hasta una casa abandonada donde sucederá un hecho misterioso.
Si cambiamos la palabra “perro” por “lenguaje” o “arte”, podemos comenzar a comprender la forma a la que se acercó Sato a la escritura. Este texto, en su aproximación inédita al género del relato, era muy diferente a las propuestas de otros escritores como Natsume Soseki 夏目漱石 o Uchida Hyakken 内田 百間 y obtuvo criticas muy alentadoras en su época
Satō se desplazaría a la universidad de Keiō Gijuku (actual universidad de Keiō), para inscribirse en el departamento de arte y literatura -parece que le interesaba especialmente la literatura francesa-, en dialogo con el escritor Nagai Kafū 永井 荷風 -que sí se negaría más tarde a poner sus textos al servicio del imperialismo japonés- y el crítico Ikuta Chōko 生田長江 que fue el primer traductor al japonés de Friedrich Nietzsche y que traduciría también La Odisea de Homero, con interés también en las obras de Karl Marx
Estos estudios no los pudo terminar a causa de un insomnio crónico, pero partir de estos dos autores Satō Haruo entraría en contacto con la obra de Oscar Wilde y Edgar Allan Poe, que tuvieron para él una fuerte influencia; Wilde más como impulso creativo y Poe, no solo como inspiración, sino como cierta guía para en aspectos formales concretos de como plantear un texto narrativo
A Edgar Allan Poe lo estaba traduciendo en esa época Tanizaki Seiji, hermano menor del famoso escritor Junichiro Tanizaki. Seiji, en 1913 publicó la traducción de trece historias cortas del escritor de Boston hasta que en 1941 consiguió la loable empresa de conseguir traducir sus cuentos completos. A esta tarea, dedicó gran parte de su vida académica
Satō Haruo, se dejó permear por el British Aesthetic Movement, con autores audaces como Walter Pater y William Morris aparte del propio Oscar Wilde. Con ellos compartía el anhelo y la apuesta decidida de que el arte tenía que estar por encima de la moralidad y el utilitarismo. Además él estaba muy preocupado por la posible mercantilización del arte con el auge de la sociedad de mercado, que también comenzaba a llegar a la sociedad japonesa
Es importante recordar que en 1936, el filósofo alemán Walter Benjamin publicaría también el famoso ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. El arte para Satō, ha de ser placentero para quien toma su vía, no debe reducirse a un sistema circunscrito de valores, y sería como la música, arte sin pensamiento, que tendría para él -al menos a priori- un alcance y potencial utópico, propuesta vital y estética que es trasladada a su sugerente relato: “Una hermosa ciudad”, aparecido también en 1917
Satō estuvo en contacto activo con poetas dadaístas y futuristas, pensadores anarquistas y también fue pintor, próximo esa época de juventud a una postura política socialista. Fue amigo íntimo de dos escritores, que todavía no sabían que acabarían renovando la literatura japonesa: Ryūnosuke Akutagawa 芥川 龍之介 y Tanizaki Junichiro 谷崎 潤一郎. Fue maestro de maestros y en su época se le llamaba: “el hombre de los tres mil discípulos”. Uno de estos últimos discípulos fue el escritor Osamu Dazai 太宰 治, que le escribirá cartas a Haruo llenas de angustia y desesperación (que me hicieron recordar las cartas también desesperadas de Joseph Roth dirigidas a Stefan Zweig, aunque por otros motivos)
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Su visión de lo fantástico, la aproximación de Satō Haruo intentaba ofrecer una respuesta a la literatura naturalista y proletaria de ese momento en Japón, como estaba intentado hacer también Natsume Sōseki por otros medios y propuestas narrativas
Satō Haruo, otorgó mucha importancia en su escritura a la posible influencia de la modernidad en los estados de ánimo de sus protagonistas: personajes obsesivos, melancólicos, desesperados, incluso paranoicos. Quizás para él era precisamente la melancolía la misma esencia de la modernidad, en continuidad con poetas franceses decadentistas como Charles Baudelaire, que seguro que Haruo había leído durante su estadía en la facultad
Hay también una importancia del onirismo y otras formas de subjetividad en sus personajes. En aquella época, comenzaban a llegar textos del psicoanalista de Viena Sigmúnd Freud, de los que al menos se traducirían dos al japonés: La interpretación de los sueños (1900) y Estudios sobre la histeria (1895).
A Haruo le interesaba mucho la percepción y la frontera siempre difusa entre lo real e irreal, cuestión que sigue inspirando a los narradores hoy en día
A partir de 1920, haría algunos viajes a las colonias japoneses en la isla de Taiwán donde entraría en contacto con el antropólogo Mori Ushinosuke a través de un conocido en común que vivía en ese momento en Taiwan. Algunos textos dan cuenta de esas exploraciones. Su visión y apreciación de lo colonial es de gran complejidad y merecería un estudio más pormenorizado, ya que podemos pensar que Sato intentó atravesar de alguna forma la imaginación colonial de la época Taishō, sin quedar del todo claro si llegó a conseguirlo.
“El pájaro demoniaco”, 1923, es un relato interesante, por su carácter híbrido -mitad tratado etnográfico en miniatura sobre los aborígenes de Taiwan / mitad texto de ficción- donde sin embargo observamos un cierto carácter programático, cuyo inicio y conclusión parecen ser que tanto los aborígenes como los japoneses colonos están afectados por igual por la irracionalidad, las supersticiones, resultando posibles agentes de violencia. Hay cierta ambigüedad, y dificultad en la toma de postura, y parece que frente a ese dilema decide repartir a ambos lados
“En el misterio del abanico”, 1925, relato mucho menos esquemático y con más espesor de capas textuales, y que podemos considerar su último texto romántico, es un recorrido fuertemente sexuado donde el narrador-personaje, periodista japonés acompañado de un curioso poeta chino -cuyo pseudónimo artístico es Segaimin que significa algo así como “aquel que habita fuera del mundo”- parece debatirse entre la mirada fetichizada y exotizante de lo que supone una mujer en torno a un objeto -el abanico como gran condensador metafórico- que hasta día de hoy no está del todo claro si nació en Japón, Corea o China
Los dos exploradores detectives, aunque sin miedo y guiados por su curiosidad y deseo de saber el misterio de la mujer y su amante, sufrirán una refracción en la parte final de la historia; la dificultad que supone conocer una alteridad, irreductible, que sería:
a) el hecho colonial por un lado
b) el deseo y misterio de la feminidad
que son los dos vértices de un mismo fenómeno intrincado
En un primer momento el personaje-narrador sustrae sin reparos el abanico -¿un robo colonial? ¿pecado original del hombre-investigador?- pero luego habrá de devolverlo a su legítima dueña, que nunca se sabrá su identidad. El misterio de la alteridad que supone la colonia para los japoneses y el misterio de la feminidad o el deseo de la mujer para los hombres no será desvelado completamente.
La atmósfera y tensión se mantendrá hasta el último momento, donde un velo que no se puede atravesar representado en el texto por un biombo y unos asteriscos indicando lo que seguimos pensando hoy en día: que nadie sabe lo que desea una mujer. Solo tenemos hipótesis aproximativas, indicios y testimonios
En este relato, si bien podemos ver la influencia de Poe en la atmósfera y sensibilidad poética, se desmarca del relato policial iniciado por el pionero de Boston -inventor de varios géneros durante su vida- donde se solía terminar dando explicación racional a sucesos inverosímiles como en “Los crímenes de la calle Morgue” (1841) o se confiaba en detectives infalibles como en el caso de “La carta robada” (1844). Aunque el hecho misterioso, que se retrotrae a las leyendas chinas de fantasmas, será explicado por un hecho actual, no quedará esclarecido en su totalidad. Es un texto abierto a interpretaciones, y por tanto símbolo de la modernidad que Haruo intentó encarnar a través de su escritura
Antes de poner sus textos al servicio del Imperio a partir de 1930, habrá un texto sumamente original e inédito en la historia de la literatura japonesa, que anticipa en cierta forma el comienzo de la literatura de ciencia ficción, que no llegaría a Japón hasta la década del 50 gracias autores como Yasutaka Tsutsui 筒井康隆, Sakyo Komatsu 小松 左京 y Shinichi Hoshi 星 新
Hablo de “Crónica de Nonchalant”, publicado en 1929, donde Sato intenta combinar una potente critica a la sociedad japonesa sin renunciar por ellos a sus intereses estéticos. Es un texto audaz, muy inquietante, extraño por sus geometrías, símbolos y metáforas, por momentos divertido, concomitante a la película de Fritz Lang “Metrópolis”, que no es descabellado pensar -como hipotetiza Pau Pitarch para el prólogo de “El pájaro demoniaco” editado por Satori- que actuase de cierta inspiración para Haruo ya que circulaba en Japón desde 1928
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En 1946, contribuyó a fundar varias revistas literarias, hizo muchos viajes alrededor de Japón y al año siguiente pasaría a ser miembro de la Academia de las Artes, e impartió enseñanza en la universidad que vio dar sus primeros pasos narrativos, La universidad de Keiō, donde pondría en marcha un curso llamado: “Perspectivas de la literatura japonesa moderna”
Posteriormente, a partir de 1950 fue miembro activo del importante premio literario Akutagawa

En 1954, ya desde un lugar de autor consagrado y apreciado, hizo una biografía sobre la poeta japonesa Akiko Yosano llamada Akiko mandala, Un mandala para Akiko. La poeta Akiko Yosano fue un importante amor literario de juventud de Haruo ya que en esa época se había unido al círculo de poetas Myōjō que escribían alrededor de esta poeta, que lo apostó todo a la sensualidad, el amor y el deseo, y su esposo Tekkan (la historia entre Akiko y Tekkan merecería otro capítulo)
En 1960 fue condecorado con la Orden del mérito cultural
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Contrario a la idea del escritor genio decimonónico o al escritor que ha de refugiarse en una cueva como proponía Franz Kafka, para hacer nacer sus textos, podemos pensar que más allá de los procesos creativos individuales siempre no generalizables, Satō Haruo actuó de radar de los intereses literarios, políticos y culturales de su época, escritores no aislados que dialogan con sus contemporáneos, donde a partir de esas circulaciones e influjos estimulantes, intentó luego hacer valer su propuesta singular; forma particular y no hegemónica de mirar la realidad
Si bien es apreciable la inspiración que le produjo Edgard Allan Poe para plantear el camino en algunas de sus ficciones, hay otras muchos influjos y vertientes en su escritura, y por ello no nos parece justo hacer una lectura de mirada estrecha, incluso un poco apropiacionista del autor
Que durante algunos años Satō Haruo pusiera sus poemas y escritos al servicio del proyecto imperial no empañan sus escritos transformadores de juventud ni cancela todo su recorrido vital y literario, interesante y genuino
En el podemos leer, tanto las posibilidades transformadoras de la inspiración cuando se encauza a través del arte y la literatura, y los riesgos, de que los sueños queden al servicio de los Ideales del Imperio
Nota:
solo está publicado en español el libro El pájaro demoniaco y otros relatos (Satori, 2018) en las ediciones primorosas que hace Satori de nuestros queridos autores japoneses, con un prólogo muy interesante de Pau Pitarch sobre el contexto y coordenadas de la escritura del autor
https://satoriediciones.com/escritor/sato-haruo/
Joaquín García
enero, 2026



