
Andrés Neuman (1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires. Hijo de músicos argentinos exiliados, se trasladó con su familia a Granada, en cuya universidad trabajó como profesor de literatura latinoamericana. A los veintidós años ya despuntó su talento resultando Finalista del Premio Herralde con su primera novela, Bariloche (1999). Después publicaría otras novelas: La vida en las ventanas, Una vez Argentina, El viajero del siglo (Premio Alfaguara y Premio de la Crítica), Hablar solos, Fractura y Umbilical.
Ha publicado varios libros de cuentos como Alumbramiento o Hacerse el muerto, este que estamos comentando hoy,y distintos poemarios, los aforismos de El equilibrista; el diccionario satírico Barbarismos, el diario de viaje por Latinoamérica Cómo viajar sin ver; y el elogio de los cuerpos no canónicos Anatomía sensible. Como podemos ver es un escritor polivalente y que se mueve como pez en el agua en varios registros. Ha recibido múltiples premios y sus libros han sido traducidos a veinticinco lenguas.
Hacerse el muerto, libro publicado en 2011 por Páginas de espuma, es quizás uno de los libro más personales de Andrés Neuman ya que incluye experiencias íntimas como la muerte de su madre. Dice el autor que la publicación de este libro le ha ocasionado cierto conflicto moral, porque incluye, bajo el manto de la ficción, experiencias personales de estos últimos cinco años, como el fallecimiento de su madre y la enfermedad de su padre.
En su estilo singular y difícil de clasificar, predomina una prosa intimista y poética, sumamente precisa y donde siempre hay un velo al horror cuando se narran situaciones difíciles de integrar por nuestro sistema simbólico como es la muerte. Hay fuertes componentes de humor y ternura, acompañado de una imaginación desbordante, sin desechar elementos oníricos y surrealistas.
Este libro en concreto tiene algo de Borges, no solo por la precisión de ingeniero al diseñar los relatos sino también por la prodigiosa imaginación del argentino, maestro en construir casi de la nada sólidos universos. Universos en miniatura en este caso, donde con unas breves pinceladas —donde a veces no da tiempo a la habitual construcción de personajes— nos traslada a nuevos mundos interiores.
Las dos primeros apartados del libro (Hacerse el muerto y Una silla para alguien) hablan de la muerte, primero de una manera general y luego, la muerte particular de su madre. Son relatos donde la muerte sufre un proceso de catarsis y sublimación y donde predomina la ternura. También hay cabida para elementos oníricos como en el cuento «Una carrera». “Un suicida risueño”, esta especie de oxímoron que nos propone Neuman, podemos considerarlo una profunda oda a la vida.
El resto de los cuentos están delineados en un registro tragicómico con elementos surrealistas, que dejan al lector seguramente extrañado y confuso, pero siempre con una sonrisa en la boca. Por su registro filosófico y humorista, una de mis secciones favoritas fue Bésame Platón y también Monólogos y monstruos, donde sucede una visión extrañada de la realidad y una mirada aceptadora y benevolente de lo extraño y hasta escandaloso, como diría Lacan, del deseo humano.
Citaría entre mis cuentos favoritos «Teoría de las cuerdas», tierna sublimación del voyerismo doméstico, «Vidas instantáneas» relato celebratorio de la diversidad humana y la pluralidad de deseos e «Infiernos de Sor Juana», alegato de las más particulares formas de gozar sexualmente. Un libro en definitiva, profundamente humano, que afronta las malas noticias con humor y ternura, que alaba las diversas formas de gozar y amar con una mirada desenfadada y sin prejuicios.
Un libro que nos recuerda que ser humanos es algo milagroso, asunto que conlleva tanto humor como compasión.
por Joaquín García



