Sobre mí
La escritura nació en mi vida como un destello: del primer poema, inaugural y perdido, trabajo escolar en torno al poeta Antonio Machado, recuerdo solo un verso: «caminos que se palpan con la mano». Allí latían ya, sin saberlo todavía, las coordenadas de mi futura escritura. Escribir sobre lo que no se sabe, como acto del cuerpo, alumbrando caminos que no se conocen de antemano.
Aprendí a leer acompañado de mi padre y mi madre con la cartilla que se empleaba en aquel entonces. Algo de ese amor pasaría también a la escritura. Mis primeras lecturas fueron los comics de Asterix y Obelix que buscaba con gran emoción en la biblioteca de nuestro barrio, los libros de Elige tu propia aventura y la colección de Barco de vapor que iba pasando en mi familia de una generación a otra. También fue muy importante el encuentro con Momo, de Michael Ende.
Los autores de poesía que fueron más importantes en mi juventud: Antonio Gamoneda con su escritura de lo real y alucinada. Pablo Neruda gracias a su ritmo y musicalidad. Si el amor era urgente como apuntaba el poeta, también podía ser efímero y había que ponerlo por escrito, para que no fuera llevado por la lluvia o el viento. Ángel González con su ironía, ingenio y particular sentido del humor. Y Rabindranath Tagore con su misticismo delicado como pétalos de agua.
El libro que más veces he leído en mi vida es Siddhartha, de Herman Hesse, donde leía la importancia de la libertad para apostar por algún camino vital, los duelos y pérdidas que habría que asumir más tarde.
Otros muchos y muchas autoras irían produciendo y conformando mi escritura. Las musas quizás no existen, pero no entiendo la escritura sin lectura ni lectura sin escritura. Ambas se articulan para mí en un continuum orgánico. Pienso la literatura como una coincidencia hermosa, efecto mariposa (eje horizontal), resultado de múltiples diálogos de una genealogía diversa (eje vertical).
No entiendo la escritura como puro acto individual, es singular sin dejar de ser colectiva: no sería posible sin las voces de la lectura, sin el encuentro con personas significativas. Muchos textos también parte del trabajo con pacientes, niños y mayores, que he ido atendiendo y los psicoanalistas que me han ido acompañando a lo largo de mi vida.
Estando en la carrera, el profesor de Psicología social -al que siempre estaré agradecido- nos mandó realizar un texto de comentario sobre la estremecedora película Léolo. Conmovido por la película, añadí al comentario un par de poemas lo que me valió un sobresaliente. Sin este profesor, que dio acogida a lo que pensábamos y escribíamos, quizás no habría habido un primer detonante para comenzar a escribir.
Siempre hace falta un primer lector, una primera semilla.
Desde ahí, la escritura ha acompañado mi camino. Siempre en torno a la poesía en sus diversas formas, aunque con incursiones también en el género del relato breve. También escribo artículos de investigación sobre el diálogo entre psicoanálisis y literatura, y disfruto mucho haciendo crítica cultural, sobre libros que me apasionan. También desde la adolescencia me gusta escribir crónicas sobre las cosas que me pasan y los encuentros significativos con las personas que quiero.
Durante mi etapa universitaria agrupé mis primeros poemas en un documento que llamé Os entrego mis palabras, que permitió dar cierta legibilidad a lo que sentía, importaba y me hacía sufrir. Sin este primer impulso, quizás ningún libro posterior hubiera sido posible.
En 2010 participé en la Antología del IV Premio Orola, donde pude publicar mi primer texto, algo ingenuo pero ilusionante que titulé La poesía.
En 2021, decidido ya a publicar, y tras la desesperación de los concursos y la negativa de las editoriales, recibí con mucha alegría el «sí, quiero» de la editorial Arranca de parte de Pep Olona y los compañeres de Arrebato, pudiendo ver publicado mi primer libro, Ningún cielo extranjero en inspiración a un verso de la poeta rusa Anna Ajmátova. Este libro fue publicado con cierta angustia y urgencia, resultó un fuerte alegato político, dentro de una escritura muy barroca con un claro exceso en el decir.
Sería la escritora Natalia Litvinova la que me indicó que tendría que viajar hacia un mayor despojamiento cuando escribía. Tardé bastante tiempo en comprender lo que significaba esta palabra: despojo no es lo inútil o lo que no sirve. Despojo es lo que de verdad importa en el decir apuntando a lo imposible de decir. Es el marco de legibilidad donde se cierne alguna verdad y se enciende la palabra.
En 2023, publiqué con la editorial Adarve mi segundo libro El deseo es un pájaro sin nombre, que da cuenta, en un tono intimista y más tranquilo, de lo que supuso para mí la muerte de mi padre (homenaje al testimonio que fue su vida), y también de la separación de mi novia, una mujer a la que quise mucho. El libro parte esas dos separaciones, que no aunque no son coincidentes en el tiempo comparten coordenadas afectivas e inconscientes. El libro como travesía, en búsqueda del amor y del deseo, donde pude reescribir algunos sueños.
A lo largo de 2026, después de varios años de trabajo, verá la luz mi nuevo trabajo que he querido llamar Intentar la luz que conforma con los dos primeros una especie de Tríptico del cielo. Este libro piensa la escritura como acto de resistencia, algo de luz en la oscuridad y es un homenaje a muchas mujeres poetas con las que dialogo en mi escritura.
Ha sido acompañado con mucho cariño por las escritoras Natalia Litvinova y María Beleña, a las que estoy muy agradecido.
Desde el 2024 coordino el club de lectura o tertulia (nunca supimos qué término era mejor) La hora del vermut, una especie de seminario de estudio permanente sobre el mundo del cuento y el relato breve, donde pudimos tener un encuentro muy divertido y emocionante con dos invitados muy especiales: el escritor, Eloy Tizón y el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor.
Desde octubre de 2025 coordino y acompaño en Espacio LATE un taller de escritura creativa. Está siendo una experiencia realmente emotiva y estimulante, poder participar del proceso creativo de otras, donde no existe una última palabra. Una de mis mayores ilusiones a día de hoy es poder entrevistar y dialogar con autores y autoras, saber cómo hacen lo que hacen, además de seguir escribiendo.
Con ese deseo e ilusión nace la web La hora del Vermut, que intenta ser un homenaje y defensa de la literatura, que yo pienso como una gran historia de amor. Espacio de encuentro y diálogo, soporte de la palabra y el pensamiento, y casa de quienes escribimos, donde se acogen textos de otros y otras.
Dos personas que me resultan muy inspiradores en el ámbito de la difusión literaria son Federico Baraya (Colombia), por su amor y transmisión del género del relato breve, y Valeria Tentoni (Argentina), por la dedicación y ternura que pone en las entrevistas a autores y autoras que realiza para la mítica editorial Eterna Cadencia.
Poneros cómodas, habéis llegado a casa.
Ningún cielo extranjero (2021)
Ningún cielo extranjero ni extraña le es la tierra de la poesía, donde se adentra con firma y libertad. Palabra hecha tierra y tierra hecha palabra, patria al fin que aquí construye con versos derramados del corazón, llenos de verdad, de la verdad de su palabra y por ello, comprometida. Joaquín G. Ruiz-Zorrilla ama la poesía, ya ama a los poetas, y habla con ellos y con ellos y la poesía comparte, en esta constelación de poemas, el difícil anhelo de la revolución.
INMA MARCOS
Nota: este libro está actualmente descatalogado
Intentar la luz (inédito)
En este nuevo libro de Joaquín García, lleno de poemas profusos, aterciopelados y melódicos, hay un hilo conductor: la luz. Y quizás esa luz sea la poesía misma, que nos cobija bajo su rayo. «Escribir/ como quien deja la luz encendida/ y duerme de pie sobre sí mismo/ para saldar las cuentas con el miedo», propone Chantal Maillard, y en Intentar la luz esto ocurre. La voz del yo poético se despliega entre texturas y contrastes, se extiende elástica hasta tocar las heridas. Vulnerable, expone sus traumas para conjurar los miedos, pero también compone versos como pájaros que sobrevuelan las cicatrices del mundo. Leonard Cohen dijo: «Hay una grieta en todo, / así es como entra la luz» y, como si le diera la mano, Joaquín escribe: «He visto de cerca la cara de la muerte/ pero aún puedo ser luz».
NATALIA LITVINOVA
El deseo es un pájaro sin nombre (2023)
Este libro es un viaje el de la vida y lo que va pasando mientras, como el amor y la despedida de personas queridas o el quitarse miedos y soltar lastre, yendo de la angustia a la calma para intentar alzar el vuelo. Hay aquí luces y pájaros, preguntas y esperanzas en la labor de producir un lugar donde sea posible el deseo, el personal y el colectivo. Deseo que, aunque no tenga nombre, podemos acercarnos a él por alusión, mediante las únicas herramientas de las dispone el poeta: la observación atenta y la palabra.
JOAQUÍN GARCÍA
https://www.todostuslibros.com/libros/el-deseo-es-un-pajaro-sin-nombre_978-84-19899-50-7
ARTÍCULOS PUBLICADOS
Lacan y el problema de la realidad
https://puntodefugarevista.wordpress.com/lacan-y-el-problema-de-la-realidad/
Bendita alegría
https://puntodefugarevista.wordpress.com/bendita-alegria/
El mundo según Lovecraft
https://puntodefugarevista.com/wp-content/uploads/2024/07/punto-de-fuga-no-11.pdf
La poesía como nacimiento o invento
https://letraslacanianas.com/revista-no-23-editorial/
Algunas coordenadas sobre escritura femenina
https://puntodefugarevista.wordpress.com/algunas-coordenadas-sobre-la-escritura-femenina/
ARTÍCULOS INÉDITOS
Significación y sentido en la enseñanza de Lacan: un deslinde teórico
Cesar Vallejo o la reinvención de la lengua
Las tres bibliotecas de Borges
Tantear en lo oscuro de la palabras o la escritura singular de Clarice Lispector
